lunes 20 de septiembre de 2021    | Muy nuboso 6ºc | Merlo, San Luis

Presentan en Merlo el libro sobre el primer caso de una nena gestada en un vientre prestado

viernes 19 de marzo de 2021
Presentan en Merlo el libro sobre el primer caso de una nena gestada en un vientre prestado

B.M. tiene un año y pico. Las tazas y las servilletas de papel de la mesa ratona le gustan mucho más que el patito de goma amarillo que le ofrecen sus papás. El revuelo se detiene con un poco de mamadera, chupete y una minisiesta en brazos de mamá. Los tres están felices, radiantes. No es para menos: hace apenas unos días terminó una batalla legal que permitió que estos papás puedan inscribir a la beba como hija propia. Es el primer fallo judicial sobre “maternidad subrogada” en la Argentina, antes de que esta figura se incorpore al nuevo Código Civil, que aún espera por ser aprobado. Sucede que B.M fue concebida en el vientre de una amiga de la mamá que, desinteresadamente, se ofreció para gestar el embrión, fruto de la pareja.

Nunca antes la Justicia había intervenido en el caso de un bebé concebido en un vientre sustituto en el país. Y mucho menos, ordenado la inscripción del niño como hijo de sus padres biológicos (porque el óvulo y el esperma son de la pareja). Hasta ahora se conocían casos de vientres alquilados en países que tienen legislación específica.

La beba nunca tuvo partida de nacimiento. Sólo el certificado de nacimiento. La jueza Carmen Bacigalupo, del juzgado civil 86, le otorgó al matrimonio la maternidad subrogada. A la beba le hicieron un examen de ADN y se confirmó la filiación biológica de los padres. Ahora la beba tendrá su partida de nacimiento y su DNI, que ya le fue entregado.

Juan De Gregorio (44) y Maica Moraes (40) se casaron en 2006. Desde entonces buscaron cumplir el sueño de ser padres. Ella perdió dos embarazos; el segundo alcanzó los seis meses de gestación y en una delicada intervención perdió el útero, aunque pudo conservar los ovarios. Pero sus posibilidades de quedar embarazada se tornaron nulas. Pensaron en adoptar. Se anotaron. Les dijeron: “Los podemos llamar en meses, años o nunca”. Recuerda Maica: “Ese nunca me movilizó a seguir otro camino”, cuenta en exclusiva a Clarín.

La única alternativa que les quedaba era acudir a fertilización in vitro: unir sus óvulos con el esperma de su marido y transferir ese embrión a un vientre prestado. Consultaron para alquilar un vientre en el exterior, pero desistieron por los altos costos.

Hasta que un día llegó la propuesta altruista de la amiga de Maica, una mujer de unos 40 años, separada, dos hijos adolescentes y en pareja. “Es increíble –dice Juan, pensativo y emocionado a la vez–, la ayuda llega por donde menos la esperás”. Sus ojos se humedecen, como los de Maica. Y también los de Fabiana Quaini, la especialista en derecho internacional de familia que los asesoró.

La presentación para que los autorizaran a inscribir a la nena se basó en el artículo 19 de la Constitución, en la Convención de los Derechos del Niño, en el Pacto de San José de Costa Rica y en el anteproyecto de reforma del Código Civil y Comercial aún no tratado.

Maica recuerda cuando su amiga le dijo ‘Te presto mi panza’. “Yo me reía, nunca pensé que me lo había dicho en serio”, dice. La conversación continuó un mes después. Más seria, su amiga le aseguró: “Si puedo calmar tu dolor, de algún modo te voy a ayudar”.

Recién entonces Maica se lo contó a Juan y decidieron mantener una total reserva en la familia. Lo pensaron, una y otra vez. Cada uno lo analizó con su psicólogo . Tomaron la decisión. Llegaron las consultas con los profesionales, los tratamientos hormonales para las dos, la conformación de los embriones en el laboratorio (en 48 horas, sin congelamiento previo) y el momento de la inseminación. El vientre de la amiga de Maica recibió tres embriones. “Preferimos tres a ninguno”, relata Maica. Empezó a crecer uno. B.M. nació por cesárea en un sanatorio porteño en abril de 2012. Pesó 3 kilos. Maica y Juan presenciaron el parto. Cuentan que hasta de los ojos del anestesista, por debajo del barbijo, brotaban lágrimas. El sueño estaba cumplido, el mismo sueño que ahora la justicia avaló. (fuente Calrín / infomerlo)

Más noticias
Últimas noticias