Panaholma

Recuperan en Traslasierra una casa histórica vinculada al legado del Santo Cura Brochero

Se trata del casco de una estancia muy antigua en la que el sacerdote ahora santo supo descansar en sus travesías. Se realizará un parque temático, que estará sobre el Camino de Brochero.
miércoles 03 de junio de 2026
Lo que queda de la vieja casa de estancia, de alto valor histótico, en Panaholma. (Foto: La Voz)
Lo que queda de la vieja casa de estancia, de alto valor histótico, en Panaholma. (Foto: La Voz)

El matrimonio de Erasmo y Zoraida Recalde era parte de la familia elegida por el Santo Cura Brochero en su peregrinar por el Valle de Traslasierra. Su casa, en el pueblo de Panaholma, era una estancia en el Siglo XIX y alojamiento obligado en las travesías del “cura gaucho”.

Después de un abandono de largas décadas, el espacio fue recuperado y hoy la comuna de Panaholma, vecina de Villa Cura Brochero, trabaja en el acondicionamiento de lo que será un nuevo y pequeño parque temático sobre el santo cordobés.

José Gabriel Brochero (1840-1914), precursor de la institucionalización, la educación y el desarrollo de Traslasierra, fue canonizado en 2016 por la Iglesia Católica.

Qué fue esa estancia

De la extensa propiedad, en 2017, el gobierno provincial recuperó un predio de una hectárea que incluye las ruinas de la vieja vivienda. El lugar integrará el llamado Camino de Brochero, producto turístico que concita una creciente adhesión en el turismo religioso.

“Una foto del padre Brochero montado en su emblemática mula, con poncho y cigarro, fue tomada en esta casa delante de las columnas cilíndricas que aún están en pie, fue la imagen que apareció en el Vaticano el día de la canonización del cura, el 16 de octubre de 2016”, recuerda Isidoro Guzmán, jefe comunal de Panaholma.

Guzmán completa: “El proyecto de recuperación se encuentra a cargo de la Agencia Córdoba Cultura, se han planteado tres etapas, de las cuales ya se cumplieron dos, estamos esperando poder seguir con la obra”. Y señala que, a la recuperación edilicia de la casa, dirigida por personal especializado, se sumará una construcción con sanitarios y área de logística.

Las ruinas, que perdieron los techos hace décadas, mantienen en pie las icónicas columnas cilíndricas, realizadas con un material novedoso en la época: los ladrillos curvos.

Escuela y estancia

La casona también fue “escuela fiscal” a fines del siglo XIX, mientras Zoraida Viera de Recalde fue la preceptora hasta 1905. Su esposo Erasmo, era un exitoso ganadero de la zona.

Ambos alojaban a Brochero en una habitación especialmente acondicionada para el cura, una de las tantas dependencias de la vivienda, que tenía además grandes salones y se destacaba entre las moradas de la época.

Los detalles son narrados por la escritora cordobesa Liliana De Denaro en su libro Tras las huellas del Cura Brochero.

La propiedad de los Recalde tenía 270 hectáreas. La casa está en una loma frente al río Panaholma, curso de aguas tibias rodeado de paisajes bucólicos que cada vez son más visitados.

En los primeros años del siglo XX, el santo de Traslasierra proyectó junto a otros precursores el pueblo de Panaholma. En los tierras donadas por Amelia Peralta de Abregú, Brochero dibujó la traza inicial, otorgando lotes a unos 40 fieles. Dirigió la apertura de caminos y acequias, y organizó la construcción de la capilla del lugar, en honor a la Virgen del Rosario.

Recién en estos años, los descendientes de aquellos primeros pobladores han recibido sus títulos de propiedad.

“Construir comunidad"

Ricardo Araya, obispo de la Diócesis de Cruz del Eje, que incluye a Traslasierra, destaca: “Esta casa tiene mucho que ver con la vida del Santo Brochero, aquí lo apodaban Tata Cura, y le dispensaban un trato familiar"

El matrimonio Recalde-Viera tuvo alguna militancia política con Ramón J. Cárcano y con los Juárez Celman, que supieron venir frecuentemente a esta casa, había contado Zoraidita Recalde, hija de Erasmo.

Explica también Araya: “Brochero aquí se vinculaba con políticos liberales de la época, que tuvieron dificultades con la iglesia de ese tiempo, y don Erasmo era capaz de prestarle los mejores caballos, que no dejaba que los tocara nadie, cuando el cura tenía que ir a visitar algún enfermo".

El religioso recuerda que en la casa, después de fallecido Brochero, se lo evocaba siempre con oraciones especiales, como a un miembro de la familia.

Refiriéndose a la historia reciente del lugar, cuenta Araya: “Después de la pandemia nos hemos reunido a rezar, y hemos pedido a Dios que haga posible su restauración, apuntalar estas paredes será sostener en alto la obra de Brochero, como bandera del progreso espiritual y material de la zona, también promover el turismo religioso, el trabajo, la fe, la esperanza, será edificar comunidad”. (La Voz)

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