El rito que marca el inicio de las fiestas

Tradición del arbolito de Navidad en Argentina

La costumbre de decorar un árbol como centro de las celebraciones navideñas tiene raíces antiguas: proviene de tradiciones paganas (especialmente de pueblos celtas y nórdicos), que celebraban el solsticio de invierno decorando robles o pinos con frutas, velas o luces, simbolizando la vida, la fertilidad y la esperanza.
domingo 07 de diciembre de 2025
En Argentina, la tradición marca el 8 de diciembre para armar el arbolito. Esa fecha coincide con la celebración del Día de la Inmaculada Concepción de María.
En Argentina, la tradición marca el 8 de diciembre para armar el arbolito. Esa fecha coincide con la celebración del Día de la Inmaculada Concepción de María.

Con la cristianización de esas costumbres, el árbol fue reinterpretado bajo símbolos religiosos: el pino o abeto —árbol de hoja perenne— empezó a representar la vida eterna, la luz y la esperanza del nacimiento de Jesús. 

¿Por qué el 8 de diciembre?

En Argentina, la tradición marca el 8 de diciembre para armar el arbolito. Esa fecha coincide con la celebración del Día de la Inmaculada Concepción de María —una efeméride religiosa que remite a la pureza de la Virgen María. 

Al ser feriado nacional, muchas familias aprovechan el descanso, el clima de encuentro y la sensación de ritual compartido para reunirse, decorar el hogar y dar comienzo oficial a la temporada navideña. 

Con el paso del tiempo, aunque su base sea religiosa, la costumbre se extendió como una tradición cultural —muchas familias la celebran incluso sin una práctica religiosa activa—, transformándola en un símbolo de unión familiar, nostalgia, recuerdos infantiles y continuidad generacional. 


El ritual moderno: más que un árbol

Armar el arbolito suele ser un momento especial: convoca a la familia, reúne generaciones, genera expectativa en los más chicos y da inicio a las fiestas. En el árbol se colocan luces, esferas, guirnaldas, moños, corpóreos, y muchas veces una estrella o un adorno especial en la punta. Pero también allí se depositan recuerdos, juguetes, deseos para el año venidero —es un rito cargado de emociones. 

Ese “árbol de la Navidad” convive hoy con el pesebre —otra tradición muy extendida—, y en muchos hogares ambos símbolos se montan el mismo día, convirtiendo la casa en un ámbito de celebración, fe y encuentro. 

El costo de armar el arbolito en 2025

En un contexto económico con inflación y variabilidad de precios, este año armar el arbolito implica un gasto que varía según el tamaño del árbol, la decoración, las luces y los accesorios. Algunas estimaciones recientes señalan: 

Árboles pequeños (compactos, de 60 cm aproximadamente): entre AR$ 5.000 y AR$ 10.000. 

Árboles medianos (90–120 cm): unos AR$ 10.000 a AR$ 20.000. 

Árboles de hasta 180 cm: entre AR$ 20.000 y AR$ 30.000. 

Árboles grandes (180–210 cm), más frondosos o decorativos: pueden costar entre AR$ 30.000 y AR$ 65.000. 

Pero el árbol por sí solo no alcanza: si se suman esferas, guirnaldas, luces LED, decoraciones y otros adornos, el presupuesto “completo” puede elevarse considerablemente. Por ejemplo, un relevamiento reciente estimó que decorar con un conjunto de ocho productos básicos puede costar —en promedio nacional— AR$ 423.955. 

Este año los precios siguen siendo variables, por lo que muchas familias optan por reusar adornos de años anteriores, comprar versiones más sencillas o decorar solo con luces y pocos detalles —para mantener vivo el espíritu navideño sin exceder el presupuesto. 

La tradición de armar el arbolito de Navidad en la Argentina —concentrada en el 8 de diciembre— es un ritual que combina historia, religión, cultura y nostalgia. Más allá de sus orígenes paganos o de la conmemoración religiosa de la Inmaculada Concepción, hoy representa para muchas familias un símbolo de unión, esperanza y renovación, un momento para detenerse, recordar, compartir y preparar el espíritu para las fiestas.

A la vez, el costo cada vez más visible de los adornos y los árboles en 2025 invita a reflexionar sobre cómo cuidar esa tradición: adaptándola, simplificándola o reinventándola, sin perder su valor simbólico.

Temas de esta nota
¿Que opinión tenés sobre esta nota?