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Traslasierra

La desaparición de Delia Gerónimo Polijo se encamina a los dos años y su paradero sigue siendo un enigma

sábado 18 de julio de 2020
Marchas y reclamos

La desaparición de Delia Gerónimo Polijo en La Paz, Traslasierra, se encamina a los dos años y todavía sus padres no saben que sucedió con la adolescente.

Mario Gerónimo y Modesta Polijo denuncian que la investigación avanza a “cuentagotas”. Y el escenario no ayuda mucho: hace unos días el Valle de Traslasierra volvió a fase 1 por un brote de coronavirus.

Este sábado se cumplen 22 meses de su desaparición y el único sospechoso del caso se suicidó en diciembre de 2018. Y la familia piensa que no actuó solo: que detrás de él hubo gente más poderosa. Gente a la que favoreció el silencio. 

Lucrecia Zambrana, la fiscal que asumió en la causa en julio de 2019, dijo a La Voz que la investigación sigue abierta pero que por la pandemia de coronavirus “los procedimientos que estaban planificados para marzo y abril quedaron suspendidos, pero no sin efecto”.

EL CASO

Delia tenía 14 años. Por las celebraciones del Día del Estudiante el 18 de septiembre de 2018 las autoridades liberaron a todo el curso antes de tiempo. Ella decidió caminar por la ruta provincial 205 hasta el paraje La Guarida, donde quedaba su casa.

La cámara de seguridad de la única estación de servicio de La Paz, de 1.200 habitantes, registró su paso poco después de las 16. Los vecinos la vieron salir del pueblo y luego, en la curva 1 del hipódromo, en plena zona rural, se perdió su rastro. Más tarde, la policía encontró en los pastizales la pulsera de cadena y una colita para el pelo que llevaba ese día. También había un par de aritos sin usar que había comprado en un negocio de La Paz. 

Antes de la cuarentena, un grupo de vecinos autoconvocados se movilizaban todas las semanas en la plaza de La Paz para exigir su aparición con vida. “Para La Paz, nos falta Delia” decían los carteles que pintaban con letras grandes y que acompañaban con una canción que gritaban con fuerza: “Vecino, vecina, no sea indiferente, se llevaron a Delia en la cara de la gente”.

En las primeras horas de la ausencia de Delia se empezaron a tejer versiones y desparramar rumores sobre cómo era. Que quería otra cosa para su vida. Que era de una manera dentro de la escuela y fuera de otra. Que se hacía peinados. Que se había tomado un colectivo en la plaza de La Paz y se había ido del pueblo por su propia voluntad. 

No son pocos los vecinos que aseguran que esos comentarios salieron del mismo colegio en donde estudiaba Delia. Lo cierto es que la chica desapareció a pocos metros de su casa en La Guarida y los testimonios de sus compañeros de curso resaltaron que era estudiosa, alegre y solidaria.

Mario recuerda que la policía en los primeros encuentros lo apuraba. “Me preguntaban qué pensaba yo sobre el paradero de mi hija. Nosotros conocemos a Delia. Ella no tenía ese carácter que quisieron instalar. Era una chica que sólo conocía La Paz. Siempre estaba pegada a nosotros”.

Una denuncia por violencia de género el 23 de diciembre de 2018 produjo un vuelco en el caso. Cansada de los golpes, Anabel, una vecina de Delia en La Guarida, denunció a su pareja, Mauro Martínez (27), por amenazas de muerte. Y dijo que él estaba vinculado con la desaparición de la chica.

Ese mismo día entregó en la comisaría una cadenita con un corazón partido y otros elementos. La cadenita era de Delia. 

Anabel contó en una entrevista televisiva que en una pelea que tuvieron le dijo que “la iba a matar como a la boliviana”. 

En esa entrevista la mujer rompió en llanto. Agregó que Martínez la hostigaba y le decía que iba a arrojar su cuerpo en el “pozo balde” -perforaciones de agua- de “Pinocho”, como lo hizo con Delia y que los radares no la iban a encontrar.

“Anabel prestó declaración y ha sido entrevistada en varias oportunidades. Pero no hay nada en contra de ella al menos hasta ahora”, explicó la fiscal Zambrana.

Tras la denuncia de la mujer, la Policía fue el 24 de diciembre a la casa de Martínez a detenerlo. Lo encontraron ahorcado de un árbol en el medio del monte.

La Policía de Córdoba buscó el cuerpo sin vida de Delia. Los rastrillajes en “pozos balde”, de 50 metros de profundidad, no arrojaron resultados en estos meses. Tampoco se conoce con precisión cuántos hay en la zona donde desapareció Delia. 

(Fuente: La Voz)

 

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