A DIEZ AÑOS DE SU PARTIDA
Juanón, el cantor popular que elegía letras revoltosas y era marginado por sus ideas
Por Marcelo Alcaraz
Juanón Lucero murió pasadas las tres de la madrugada del martes 9 de septiembre de 2014 en una cama de terapia intensiva del sanatorio Allende, en la ciudad de Córdoba. A esa misma hora, en San Luis, el viento sur soplaba con una furia inusual y las ramas de los árboles parecían cuerpos doblados por un dolor invisible.
Cuando los médicos confirmaron que la voz del cantor más popular de esta provincia estaba extinguida, sus cuatro hijas, sus nietos y Juana, su última compañera, iniciaron los pasos de una larga despedida. Primero, el traslado de un hombre que alguna vez había sido una montaña y ahora era un junco seco. Segundo, las exequias en la Legislatura provincial. Tercero, un día después, un viaje a Río Cuarto para el ritual de la cremación.
Por esas horas, los diarios y las radios de la región reflejaban el hecho con una explosión de memorias y testimonios. La noticia de la muerte de Juanón Lucero, a sus 68 años, llegó a los diarios Los Andes, MDZ y Uno de Mendoza; también a los portales en internet de Cadena 3, La Voz del Interior y La Mañana de Córdoba; al Diario de Cuyo de San Juan y, por un cable de la ahora extinta agencia de noticias Télam, a los diarios Puntal de Río Cuarto y El Ancasti de Catamarca.
Durante su velorio desfilaron cientos de personas y resonó una cifra idéntica de elogios. “No habrá otro como Juan”, dijo Daniel “El Negro” Ferreyra, uno de los guitarristas que lo acompañó hasta que la fama le llegó también a él, al ganar un concurso de talentos en la televisión nacional. “Fue un hombre muy sencillo que llegó al corazón de su gente”, dijo un funcionario que pasó por la Legislatura. Otras voces sumaban impresiones del mismo tono: “El público era todo para él y nos dejó un legado de humildad”; dijo una mujer en la TV provincial. “Ahora dejó de sufrir”, agregó su sobrino Lito Lucero.
Agonía
Los rumores sobre el deterioro irreversible de su salud habían empezado el sábado 6 de septiembre. Ese día, en una radio local, un locutor anunciaba que su estado era “crítico”.
La muerte encontró a Juanón Lucero lejos de las calles de su infancia en la ciudad de San Luis. El sufrimiento por el cáncer lo había empujado a tratamientos complejos que sólo hallaba en clínicas privadas de Córdoba.
Esos lugares de la infancia eran las calles Balcarce, Luján y 25 de Mayo, en el barrio La Merced. Fue criado en los márgenes, entre amigos y potreros, pero antes que nada vivió en un ambiente de guitarreros y folcloristas.
Empezó su carrera como cualquier otro: en los actos de la escuela y en las fiestas familiares. La siguió en la adolescencia con sus hermanos. Tuvo un paso fugaz por un oficio de la calle: lustraba zapatos en la esquina de una tienda que está frente al Correo Argentino y la Plaza Pringles.
Era un cantor jugado y decía lo que pensaba. Interpretaba el tema "Qué te ha pasado Justicia", de Carlos Ramón Fernández, el Chacarero Cantor y las alas conservadoras de la política lo miraban de reojo. La protesta le costaba a veces prohibiciones y censuras. Lo admitió varias veces, la última en una entrevista para la televisión por cable en 2013, con el periodista Pablo Oro: "Por culpa de esa canción no me llamaron nunca más para Jesús María y Cosquín. Nunca me lo dijeron, pero uno se entera por boca de otros músicos. ¿Qué cantaste que no te quieren?, me preguntaban".
Sin embargo, lo que más le dolía era que lo descalificaran por las ideas políticas que había heredado de sus padres y de su barrio. "Yo soy peronista de Perón y Evita", decía. Hubo un tiempo en que esa militancia le valía ausencias en escenarios importantes.
Por ejemplo en Tunuyán, Mendoza, donde lo bajaron durante años del festival nacional de las tonadas. Según él, lo hacían por su amor confeso al peronismo. "A ese festival lo quiero igual y es el más grande del país, porque tiene 70 mil personas adentro con entradas en la mano", aclaraba. Era coherente con su sentido de pertenencia. Por eso le dolía tanto cuando lo dejaban afuera.
Cuna
Juanón había nacido el 31 de enero de 1946 en la estancia La Escondida al norte de San Luis, pero por un error --nunca aclarado del todo-- quedó anotado el 31 de diciembre de 1945. Era uno entre ocho hermanos, siete varones y una mujer, todos puntanos como sus padres, Marcelina Muñoz y Santiago Lucero.
Su cuna, según el relato de su hermano Chelo, fue “un baúl antiguo que tenía la tapa media comba”.
Sólo hizo la primaria. Fue suficiente. Nunca estudió guitarra o canto. Según un autorretrato publicado en La Opinión, completó su formación en su casa y en la calle: "Mi viejo Santiago era un guitarrero de antaño, de boliches y serenatas. Yo creo que de ahí viene el amor por la música. Agarré la guitarra de chico, a los 12 ó 13 años. Después se me dio por cantar".
Un tío ciego solía llevarlo de gira por los boliches en los pueblos del interior, donde pasaban la gorra.
Fue empleado público. Trabajó en la dirección de Agua y también en Transporte, como inspector de colectivos en la terminal. Pero abandonó la carrera administrativa porque estaba interesado en otra carrera, la que lo iba a consagrar.
Juanón Lucero consiguió el despegue definitivo recién a fines de los '80, cuando fue elegido como revelación musical en el festival "Cuna de Compadres".
Engrandecida su figura, encontró sus detractores. Decían que subía a los escenarios con poco talento. Para ellos, su voz carecía de virtudes especiales y sus composiciones eran básicas.
Sin embargo, ni siquiera esos críticos pudieron discutir alguna vez sus cualidades de intérprete. Ninguno de ellos pudo, por ejemplo, negar su talento para insuflar vidas nuevas a temas viejos. Como aquella canción criolla “Eche otra güelta”, que en sus manos pasó a ser el vals inolvidable "Caña Doble", al que grabó por primera vez en 1986 e incluyó en 16 de sus 20 discos.
Emocionó siempre el raspón que pegaban las palabras en su garganta. En especial cuando encaraba la letra de "Resistiré". Esa canción que había sido un éxito por ciclos --la última vez por causa de una novela de Telefé-- quedó registrada en el verano de 2004 como una pieza del folclore nacional, gracias a la reversión que él hizo en el festival de Cosquín. De esa noche inolvidable Juanón volvió a San Luis con el triunfo más alto al que aspira todo folclorista: la ovación del público en la plaza Próspero Molina.
Conoció a otros famosos y participó con ellos en festivales de todo el país: Mercedes Sosa, Los Nocheros, el Chaqueño Palavecino, Palito Ortega, León Gieco. Pero él siempre se acordaba de Argentino Luna, porque le prestó una "piecita" en Buenos Aires durante casi un mes, cuando largaba su carrera nacional.
Despedida
El día que presentó su último disco “Versos de Amor”, el 26 de junio de 2014 en la Casa de la Música en Villa Mercedes, ya todos sabían de la debilidad que lo abrumaba. Pero nadie estaba listo para la despedida. “Yo sé que hay Juanón para rato”, dijo a Canal 13 su hermano “Chelo” Lucero.
En una de sus últimas entrevistas, Juanón aseguró que con su vida estaba hecho: "Ya está mi sueño cumplido: ver a mis hijos mozos". Después prometió que mientras tuviera "un hálito de vida" seguiría cantando.
Y con el último aliento le dejó un desafío personal a la muerte y a sus detractores: sus canciones, ahora y siempre, siguen hablando por él.