Rumbo al 2027

Dividida, desconfiada y sin liderazgo: Así está la oposición en Merlo

Sin candidato claro, con tensiones internas y atravesada por la crisis del peronismo, la oposición local aparece fragmentada en un escenario que, incluso con los errores graves de gestión, sigue beneficiando al oficialismo.
domingo 02 de agosto de 2026
La ley de Lemas del 2023 dejó fragmentada a la oposición tras la derrota.
La ley de Lemas del 2023 dejó fragmentada a la oposición tras la derrota.

Fragmentación. Esa parece ser hoy la palabra que mejor define a la oposición en Villa de Merlo. A menos de un año de las elecciones de 2027 —que, según estimaciones, podrían adelantarse a abril o mayo en la provincia— el escenario político local muestra una oposición dividida, sin liderazgo consolidado y atravesada por desconfianzas que dificultan cualquier intento de construcción común. El dato no es menor: en política, la división rara vez es neutra. Y en este caso, todo indica que juega a favor del controvertido oficialismo local.

UN PROBLEMA QUE VIENE DE ANTES

La situación no empezó ahora. Tiene raíces claras en la elección de 2023. La implementación de la ley de Lemas dejó en Merlo una escena fragmentada, con más de una decena de candidatos a intendente que dispersaron el voto opositor. Aquella “libanización” del escenario electoral no solo complicó la competencia en ese momento, sino que dejó consecuencias que todavía se arrastran. Y tras la derrota, la oposición no logró reordenarse. Y el peronismo, en particular, tampoco.

UN PERONISMO SIN FORMA CLARA

Lo que ocurre en Merlo es, en buena medida, un reflejo de lo que sucede a nivel provincial y nacional. El peronismo ya no funciona como una estructura homogénea. En San Luis conviven al menos tres expresiones: la conducción formal de Alberto Rodríguez Saá, el espacio que intenta rearmar Adolfo Rodríguez Saá tras su ruptura con el gobernador Claudio Poggi, y sectores territoriales como el del intendente de Villa Mercedes, Maximiliano Frontera, que juega con autonomía, pero sin romper del todo con el oficialismo provincial.

A eso se suma un dato más profundo: el peronismo sigue golpeado por la derrota de 2023 y por la pérdida de credibilidad en materia económica a nivel nacional tras la gestión tripartita de Alberto Fernandez, Cristina Kirchner y Sergio Massa. Un peronismo inflacionario.  El resultado es un espacio que todavía no encuentra un discurso capaz de ordenar a sus propios e históricos votantes.

En ese contexto, el Congreso partidario provincial convocado para el 22 de agosto aparece como un intento de reordenamiento, aunque sin garantías de síntesis.

TRES VOCES, TRES CAMINOS

En el plano local, la oposición tiene hoy representación concreta en el Concejo Deliberante, pero también allí se expresan las divisiones.

Lucía Miranda, del Frente Justicialista, es la figura más visible. Su perfil confrontativo y su rol activo frente al oficialismo la posicionaron como una de las voces más fuertes del recinto, al punto de ser mencionada como posible candidata a intendente. Sin embargo, no es la única.

Ana Laura Ferrarotti, con un perfil más ligado al kirchnerismo y a La Cámpora, mantiene una línea política diferenciada, incluso con antecedentes recientes de competencia por fuera del peronismo tradicional.

Daniel Orúe, desde el socialismo merlino, se ubica más cerca de ese espacio que del peronismo histórico de San Luis. Trabajan juntos en algunos temas, pero las diferencias están a la vista. Y pesan.

NOMBRES QUE SUMAN… Y DIVIDEN

Fuera del Concejo también aparecen otros actores. El exconcejal Gastón Fonseca, cercano a Adolfo Rodríguez Saá, ya manifestó su intención de competir en 2027. Pero su inserción dentro del peronismo es limitada y no se descarta que avance por fuera de esa estructura con un partido vecinal.  Si eso ocurre, el escenario se fragmentaría aún más.

A ese tablero todavía hay que sumarle una incógnita: qué harán los libertarios. Su estrategia dependerá de definiciones nacionales y provinciales, y podría oscilar entre una integración al oficialismo o la presentación de listas propias.

Y hay más. Un sector político y social se expresa en la Multisectorial, que puede tener sus propios candidatos. Conviven ahí diferentes manifestaciones y ambiciones. Es posible que se fusionen con otras expresiones locales. O no. En todo caso, la división no hace más que favorecer al oficialismo de Merlo.

EL OFICIALISMO, CON VENTAJA

En paralelo, el oficialismo muestra una dinámica contradictoria. Por un lado, acumula cuestionamientos por errores de gestión, conflictos con sectores de la comunidad y una forma de ejercer la política marcada por la confrontación. El conflicto es la centralidad. Por otro, se beneficia de un dato clave: la oposición no logra ordenarse.

Incluso algunos movimientos del oficialismo parecen orientados a eso. La mención pública de nombres opositores como posibles rivales funciona también como una forma de instalar candidaturas en un escenario donde todavía no hay definiciones. Lo dijo claro el actual ministro de Turismo y Cultura, Juan Alvarez Pinto, al citar los nombres de dirigentes opositores. De esa manera dejó expuesta su estrategia.  

En ese mismo esquema aparece el nombre de Belén Gurruchaga, presidenta de la Cooperativa, mencionada como posible candidata. Una señal más de un tablero donde los nombres circulan, pero sin una construcción clara detrás.

LA CLAVE QUE FALTA

Hoy, el principal problema de la oposición no es la falta de dirigentes. Es la falta de síntesis. Hay nombres. Hay espacios. Hay críticas al oficialismo. Pero no hay, por ahora, un proyecto común que ordene todo eso.

Y sin ese orden, el escenario tiende a repetirse: varios candidatos, votos fragmentados y un oficialismo que, incluso con dificultades, logra sostenerse. El desafío, entonces, no es menor. No se trata solo de competir. Se trata de construir una alternativa que, hasta ahora, no aparece. De relegar egos y aceptar otros posibles candidatos, que quizás no están en el imaginario ni del propio oficialismo.

 

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