Domingo-Editorial

Merlo necesita volver a encontrarse

En medio de una sucesión de enfrentamientos políticos, institucionales y judiciales, mientras comerciantes, trabajadores y familias enfrentan una compleja realidad económica, Villa de Merlo necesita recuperar el diálogo, la convivencia y la tranquilidad que durante años definieron su identidad.
domingo 05 de julio de 2026
Las sierras permanecen inalterables. La tranquilidad que hizo grande a Merlo, en cambio, hoy parece reclamar un lugar en la agenda pública.
Las sierras permanecen inalterables. La tranquilidad que hizo grande a Merlo, en cambio, hoy parece reclamar un lugar en la agenda pública.

Hay momentos en los que una comunidad necesita discutir ideas. Y hay otros en los que parece quedar atrapada en una espiral de conflictos que termina desgastando a todos. Villa de Merlo atraviesa, desde hace varios días, uno de esos momentos donde la confrontación parece haberse convertido en el eje de la agenda pública.

No se trata de un hecho aislado. Es una sucesión de episodios que alimentan un clima de tensión permanente. Las declaraciones del ministro de Turismo y Cultura e intendente en uso de licencia, Juan Álvarez Pinto, contra la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC) abrieron un frente innecesario con una institución pública que representa educación, investigación y oportunidades para la región. En una sociedad que necesita más puentes que grietas, confrontar con una universidad pública difícilmente aporte soluciones.

Al mismo tiempo, el debate por el Plan de Ordenamiento Territorial derivó en fuertes cruces dentro del Concejo Deliberante. Una discusión que debería centrarse exclusivamente en el futuro de Merlo terminó contaminada por acusaciones, chicanas y un clima político que parece no encontrar pausas.

La relación con la prensa tampoco ayuda. Cuando las entrevistas se transforman en escenarios de defensa permanente y las preguntas son interpretadas como ataques, el diálogo democrático pierde calidad. La prensa tiene la obligación de preguntar y los funcionarios, la responsabilidad de responder. Sin enemigos imaginarios.

Como si fuera poco, llamó la atención la ausencia del Municipio en el acto por el 60° aniversario de la Cooperativa de Agua de la Villa de Merlo. Una institución que forma parte de la historia grande de la ciudad merecía un reconocimiento institucional más allá de cualquier diferencia política. Hay celebraciones que pertenecen a toda la comunidad.

En paralelo, la política volvió a recibir otro golpe con el fallo del juez federal Juan Esteban Maqueda, quien declaró la nulidad de cuatro resoluciones impulsadas por la conducción de la Unión Cívica Radical de San Luis. La sentencia cuestiona que el Comité Ejecutivo, encabezado por Álvarez Pinto, avanzó sobre facultades que corresponden a la Convención Provincial al modificar reglas internas y el cronograma electoral. Otro conflicto más que se suma a una larga lista.

Mientras tanto, afuera de la política, la realidad transcurre por otro carril. Los comerciantes cuentan los clientes que ya no entran. El consumo sigue deprimido. Cada persiana que permanece abierta representa una lucha cotidiana por sostener un emprendimiento familiar. El turismo, principal motor económico de Merlo, atraviesa un año con movimiento muy por debajo de lo esperado. Muchas familias hacen cuentas para llegar a fin de mes y otras tantas se reinventan para no bajar los brazos.

Ese es el verdadero conflicto que preocupa a los vecinos.

El merlino y la merlina trabajan, producen, emprenden y hacen un enorme esfuerzo para sostener a sus familias. No tienen tiempo para las disputas permanentes. Necesitan previsibilidad, tranquilidad y dirigentes concentrados en resolver problemas concretos.

Merlo construyó durante décadas una identidad basada en la naturaleza, la calidad de vida, la convivencia, la hospitalidad y el turismo. Fue el lugar donde muchos nacieron y eligieron quedarse, y donde miles llegaron buscando justamente aquello que hoy parece desdibujarse: paz. Nacidos y criados. Venidos y quedados. Todos forman parte de una misma comunidad.

Nadie espera una ciudad sin diferencias. La política vive del debate y eso es saludable. Pero una cosa es debatir y otra muy distinta es vivir en un conflicto permanente.  Porque cuando todo se convierte en pelea, nadie gana. Y cuando la confrontación ocupa el centro de la escena durante demasiado tiempo, los verdaderos problemas quedan esperando respuestas.

Merlo merece recuperar la serenidad que la hizo grande. Merece dirigentes que puedan discutir sin destruir, gobernar sin confrontar y comprender que el adversario político nunca puede convertirse en un enemigo. La tranquilidad no debería ser solamente un atractivo turístico. Debería volver a ser una forma de vivir.

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