Plan de Ordenamiento Territorial

¿Quién decide el futuro de Merlo?

El crecimiento de los alquileres turísticos, la crisis hotelera y los debates sobre zonificación, infraestructura y desarrollo volvieron a poner en agenda el Plan de Ordenamiento Territorial. Sin embargo, mientras empresarios, dirigentes, instituciones y funcionarios discuten el futuro de la Villa de Merlo, una pregunta inquieta cada vez más: ¿los vecinos saben realmente qué se está definiendo y cómo impactará en su vida cotidiana?
domingo 21 de junio de 2026
El crecimiento urbano, turístico y poblacional de la Villa de Merlo vuelve a poner en debate qué modelo de ciudad se construirá en las próximas décadas.
El crecimiento urbano, turístico y poblacional de la Villa de Merlo vuelve a poner en debate qué modelo de ciudad se construirá en las próximas décadas.

La discusión comenzó por los números del turismo, pero rápidamente quedó claro que el debate es mucho más profundo.

Durante las últimas reuniones del Plan de Ordenamiento Territorial surgieron datos que encendieron alarmas en distintos sectores. El crecimiento de los alquileres temporarios a través de plataformas digitales, la incorporación de cientos de nuevas plazas turísticas y la preocupación expresada por hoteleros ante establecimientos cerrados y puestos de trabajo en riesgo volvieron a poner sobre la mesa una pregunta que Merlo parece deberse desde hace años: ¿hacia dónde quiere crecer la ciudad?

La imagen que describió la empresaria hotelera Silvina Ripke no pasó inadvertida. "Es muy triste ver hoteles que están cerrados", afirmó al exponer la situación de un sector que durante décadas fue uno de los motores económicos de la Villa. Pero reducir la discusión a una disputa entre hoteles y alquileres temporarios sería quedarse en la superficie de un problema mucho más complejo.

Lo que hoy se debate en el Concejo Deliberante y en las distintas mesas de trabajo del ordenamiento territorial involucra cuestiones centrales para el futuro de Merlo: la capacidad turística del destino, la infraestructura disponible, el acceso al agua, la zonificación, la preservación ambiental, la identidad urbana y el modelo de desarrollo económico.

En este contexto, un documento presentado por la Asociación de Agencias de Viajes y Turismo de Merlo aportó una reflexión que merece atención. Allí se advierte sobre el "desconocimiento masivo" que existiría entre los habitantes respecto de los temas que se están discutiendo y se sostiene que muchos vecinos "están excluidos de su propio destino".

La afirmación puede resultar incómoda, pero obliga a una reflexión necesaria. ¿Cuántos merlinos conocen realmente el alcance del Plan de Ordenamiento Territorial? ¿Cuántos saben qué implicancias puede tener una modificación en las normas de construcción, en la zonificación o en el uso turístico del territorio? ¿Cuántos participan activamente de estos debates?

Probablemente muy pocos.

Y ese dato debería preocupar tanto como cualquier estadística turística.

Porque las decisiones que se tomen hoy no sólo afectarán la próxima temporada. Definirán cómo será Merlo dentro de diez, veinte o treinta años. Definirán si la ciudad podrá sostener sus servicios básicos, si tendrá agua suficiente para acompañar el crecimiento poblacional, si preservará el paisaje serrano que la convirtió en un destino reconocido a nivel nacional y si mantendrá una identidad propia o terminará pareciéndose a cualquier otro centro turístico del país.

Las agencias de turismo plantearon además otro interrogante que atraviesa toda la discusión: ¿Merlo quiere crecer por cantidad de turistas o por calidad de experiencias y valor agregado?

No es una pregunta menor.

Durante décadas, la Villa construyó una marca asociada a la naturaleza, la tranquilidad, el microclima y una calidad de vida diferenciada. Miles de personas eligieron visitarla, invertir o radicarse aquí precisamente por esas características. El desafío actual consiste en encontrar un equilibrio entre crecimiento y preservación, entre desarrollo económico y sostenibilidad.

Nadie parece oponerse al progreso. Lo que surge de distintos sectores es el reclamo de que ese progreso sea planificado, consensuado y acompañado por infraestructura suficiente. Agua, energía, caminos, servicios públicos y empleo son parte de una ecuación que no puede quedar afuera de la discusión.

Por eso, quizás la cuestión más importante no sea cuántas plazas turísticas tiene Merlo ni cuántas propiedades se ofrecen en una plataforma digital. La verdadera pregunta es si la comunidad está participando de las decisiones que definirán su futuro.

Porque una ciudad puede debatir muchas cosas. Lo que no debería permitirse es debatirlas de espaldas a sus vecinos.

Y en ese punto, el desafío no es sólo de los dirigentes, los empresarios o las instituciones. También es de la sociedad.

El futuro de Merlo ya está en discusión. La pregunta es cuántos merlinos están participando de ella.

 

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