Periodismo bajo amenaza

A 29 años del crimen de José Luis Cabezas: la foto que rompió la impunidad y la libertad de expresión que sigue en disputa

El asesinato del reportero gráfico marcó un antes y un después en la historia del periodismo argentino. A casi tres décadas, con condenados que recuperaron la libertad —algunos vistos como turistas en San Luis— y en un contexto de creciente tensión con la prensa, el caso Cabezas vuelve a interpelar a la democracia y al derecho a informar.
domingo 25 de enero de 2026
Aníbal Luna, ex policía bonaerense condenado a prisión perpetua por el asesinato de José Luis Cabezas, fue visto en distintas oportunidades en el Valle del Conlara. Su presencia en libertad reaviva el debate sobre impunidad y memoria.
Aníbal Luna, ex policía bonaerense condenado a prisión perpetua por el asesinato de José Luis Cabezas, fue visto en distintas oportunidades en el Valle del Conlara. Su presencia en libertad reaviva el debate sobre impunidad y memoria.

Cada 25 de enero, el periodismo argentino vuelve sobre una herida abierta. A 29 años del crimen de José Luis Cabezas, el fotógrafo asesinado en General Madariaga por haber retratado al poder, la libertad de expresión deja de ser una consigna abstracta para convertirse en una pregunta urgente: ¿qué lugar ocupa hoy el periodismo frente a los intereses que buscan disciplinarlo?

La madrugada del 25 de enero de 1997 marcó un quiebre definitivo. Cabezas, reportero gráfico de la revista Noticias, fue secuestrado, torturado y ejecutado de dos disparos en la nuca. Su cuerpo apareció esposado dentro del automóvil que utilizaba para cubrir la temporada de verano, incendiado en una cava del Partido de General Madariaga. Tenía 35 años.

En los años noventa, Pinamar era el escenario donde la dirigencia política y empresarial exhibía poder, lujo y negocios al calor del menemismo, la convertibilidad y la célebre “pizza con champagne”. Allí se movía Alfredo Yabrán, uno de los empresarios más poderosos y herméticos de la época, dueño de un imperio construido en las sombras: correos privados, depósitos fiscales y logística aeroportuaria. Evitaba cualquier registro público. “Sacarme una foto es como pegarme un tiro en la frente”, llegó a decir.

En el verano de 1996, José Luis Cabezas logró lo que parecía imposible: lo fotografió caminando por la playa de Pinamar junto a su esposa. La imagen se publicó y el anonimato se terminó. Un año después, el fotógrafo regresó a la costa para cubrir la temporada junto al periodista Gabriel Michi. El clima era tenso: amenazas, presiones políticas y una disputa pública entre Yabrán y el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, que lo había denunciado en el Congreso como jefe de una mafia enquistada en el poder. El desenlace fue brutal.

La investigación judicial demostró que el crimen fue organizado por Gustavo Prellezo, oficial de la Policía Bonaerense que trabajaba para la custodia de Yabrán, con la participación de la banda conocida como “Los Horneros”. Hubo zonas liberadas, encubrimientos y maniobras de desvío que dejaron al descubierto el funcionamiento de la llamada “maldita policía”. El juicio derivó en condenas históricas: prisión perpetua para Prellezo; para Gregorio Ríos, jefe de la custodia de Yabrán y señalado como instigador; para los policías Sergio Cammaratta y Aníbal Luna, por el apoyo logístico y su participación en el plan criminal; para los integrantes de “Los Horneros”; y, en un segundo juicio, para el ex comisario de Pinamar Alberto Gómez, acusado de liberar la zona. Yabrán se suicidó en 1998, cuando estaba a punto de ser detenido.

Uno de sus verdugos pasaba sus veranos en Carpintería

Con el paso de los años, las condenas se fueron vaciando de contenido. Beneficios judiciales y cambios en el cómputo de penas permitieron que los responsables recuperaran la libertad. Uno de los casos que más indignación generó fue el de Aníbal Luna, ex policía bonaerense condenado a prisión perpetua por su participación en el asesinato de Cabezas.

Desde hace algunos años, Luna suele pasar los veranos en el Valle del Conlara. Se aloja temporalmente en un chalet con pileta en la localidad de Carpintería, donde se mueve junto a su familia. En al menos dos oportunidades, también fue visto en Villa de Merlo.

Uno de esos episodios ocurrió el miércoles 29 de enero de 2020. Ese día, Luna fue localizado en pleno centro de la ciudad turística. Estacionó su vehículo Peugeot sobre la calle Poeta Agüero, entre Videla y Yanzón. Según testigos, estaba acompañado por su esposa y otra persona. Tras realizar algunas compras, subió al automóvil, de color marrón oscuro, y avanzó por Poeta Agüero. Al llegar al semáforo de la esquina con Videla, giró hacia el sur conduciendo con el vidrio bajo. En ese instante, desde la vereda se escuchó un grito que condensó un reclamo intacto con el paso del tiempo: “Luna, Luna, mataste a Cabezas”. Al ser reconocido, aceleró el vehículo y se retiró rápidamente del lugar.

La escena, lejos de los tribunales y en una ciudad turística, volvió a exponer una contradicción que persiste a 29 años del crimen: mientras José Luis Cabezas es recordado como símbolo de la libertad de prensa, algunos de sus verdugos recorren el país en libertad.

El factor social fue clave desde el inicio. Bajo la consigna “No se olviden de Cabezas”, miles de personas se movilizaron en todo el país y el rostro del fotógrafo se convirtió en un símbolo colectivo contra la impunidad. Esa presión evitó que el crimen quedara sepultado y marcó un límite al poder real.

Hoy, a 29 años del asesinato, la familia de Cabezas vive fuera del país. Sus padres murieron reclamando justicia y su hermana continúa recordando que José Luis no fue solo un emblema: fue una víctima concreta del poder.

En una Argentina atravesada por discursos que deslegitiman al periodismo, ataques verbales y tensiones crecientes en torno a la libertad de expresión, el caso Cabezas vuelve a funcionar como advertencia. La foto que rompió la impunidad sigue diciendo lo mismo: sin periodismo libre, no hay democracia posible.

 

A 29 años del crimen de José Luis Cabezas: la foto que rompió la impunidad y la libertad de expresión que sigue en disputa
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