Córdoba

Treinta años sin Lilián Almada: la azafata que cayó de un avión en las Altas Cumbres

El 9 de agosto de 1995, la apertura de una puerta en pleno vuelo sobre las Altas Cumbres terminó con la vida de la azafata cordobesa. Tres décadas después, su madre, Mirtha Murúa, repasa una vida dedicada a honrar su memoria y a combatir la impunidad.
miércoles 13 de agosto de 2025
Sobre una piedra. Una cruz  en medio de la Pampa de Achala, donde cayó el cuerpo de Lilian.
Sobre una piedra. Una cruz en medio de la Pampa de Achala, donde cayó el cuerpo de Lilian.

El 9 de agosto de 1995, el vuelo 2306 de Interaustral despegó a las 17.45 del aeropuerto Pajas Blancas, en Córdoba, rumbo a Mendoza. Dieciséis minutos más tarde, mientras la aeronave ingresaba en la zona de las Altas Cumbres, un estallido seco quebró la rutina a bordo. La puerta trasera se abrió por completo y el aire se volvió un torbellino helado que arrancó gritos y objetos de su lugar. En medio de esa violencia súbita, Lilián Noemí Almada, de 28 años, que preparaba el refrigerio para los pasajeros, fue arrancada del pasillo y succionada hacia el vacío desde unos 3.000 metros de altura.

El resto de la tripulación desconocía lo ocurrido: el sensor de apertura de la puerta estaba anulado y en la cabina, los pilotos no recibieron ninguna alerta. Afuera, sobre el filo de las sierras, comenzaba una larga y angustiosa búsqueda que dos días después terminaría en el paraje La Posta, donde fue hallado su cuerpo. Allí, años más tarde, su madre colocaría una cruz para recordarla.

Desde aquella tarde fatídica, Mirtha Murúa de Almada convirtió el dolor en bandera. Tres décadas de reclamos, expedientes, audiencias y denuncias contra la corrupción en la aviación comercial la llevaron a convertirse en referente para familiares de otras tragedias aéreas, como las de LAPA, Fray Bentos o SOL. “La corrupción te mató sin balas, hija”, fue su frase recurrente durante la larga pelea judicial.

Hoy, Mirtha dice estar satisfecha con lo conseguido, aunque sabe que nunca se llegó a fondo con las responsabilidades por el mantenimiento deficiente de la aeronave y la decisión de seguir volando con una puerta que no cerraba bien. Con el paso de los años, su lucha dejó un legado no solo en la memoria colectiva, sino en su nieta Constanza —hija de Lilián— que tenía apenas tres meses cuando su madre murió.

Para Mirtha, las Altas Cumbres son el lugar donde más siente a su hija: “Acá en Córdoba está su cuerpo, pero allá está su alma”. El sábado pasado, en el aniversario número 30, viajó con hijas y nietas para recordarla en el mismo sitio donde un cóndor, hace algunos años, les pareció traer un saludo desde el cielo. “Vamos en son de alegría”, dice la mujer que, a sus más de 80 años, mantiene intactos la energía y el humor.

(Fuente: La Voz//Clarín/La Nación//Redacción) 

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