Inflación en mínimos, hambre en máximos

“Se merienda más tarde para eliminar la cena”: el drama detrás de la inflación récord a la baja

El consumo de alimentos se desploma y se degrada la calidad nutricional. La gerenta del Centro de Almaceneros de Córdoba, Vanesa Ruiz, alerta que la mitad de los hogares salteó comidas en julio. Crece el endeudamiento.
domingo 10 de agosto de 2025
Inflación en mínimos, hambre en máximos: el costo oculto de las cifras que festeja el Gobierno.
Inflación en mínimos, hambre en máximos: el costo oculto de las cifras que festeja el Gobierno.

En la estadística oficial, la Argentina atraviesa un momento inédito: en julio, el Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (Ietse) midió una inflación mensual del 1,5 %, con un acumulado anual de 17,1 % y una proyección de 32 % para 2025. Un dato que el Gobierno nacional exhibe como una bandera de éxito. Pero en la economía real, la foto es muy distinta. El mismo mes, las ventas de alimentos cayeron 19 % en comercios de proximidad, y la Federación Comercial de Córdoba reportó un descenso del 7,2 % en alimentos y bebidas. Detrás de las góndolas vacías y los changos más livianos, hay un ajuste silencioso: más de la mitad de las familias cordobesas no cubre la Canasta Básica Alimentaria, valuada en $794.384 para un hogar tipo.

“La cena desapareció de muchas mesas. Se merienda más tarde para no comer a la noche, y esa merienda suele ser pan con alguna infusión”, resume Vanesa Ruiz, gerenta del Centro de Almaceneros de Córdoba, en diálogo con Punto y Aparte, por Punto a Punto Radio (90.7).

Hambre, deuda y segundas marcas

El relevamiento del Ietse revela que el 57,8 % de los hogares cordobeses no llega a la canasta alimentaria. Entre quienes sí lo logran, más del 70 % lo hace gracias a programas estatales como la AUH o la Tarjeta Alimentar.

La mitad de las familias consultadas suspendió al menos una comida diaria y un tercio sintió hambre sin poder comer. Casi dos de cada 10 pidieron alimentos o dinero para comprarlos. El endeudamiento es masivo: nueve de cada 10 argentinos deben plata, y en Córdoba el 43,5 % financia comida con tarjeta de crédito, el 37,2 % al fiado y el 8,2 % con préstamos informales.

La degradación nutricional se profundiza: el consumo de leche fluida cayó 22 %, el de leche en polvo 33 %, y quesos, flanes y yogures se desplomaron entre 45 % y 50 %. Todos los cortes de carne vacuna retrocedieron entre 42 % y 45 %, y las frutas son casi inexistentes en muchos hogares. La migración hacia segundas y terceras marcas es total, y el “suelto” —venta fraccionada de productos— se volvió la única alternativa para muchas familias, incluso en artículos de higiene.

La calma que no dura

Aunque julio cerró con cifras históricamente bajas, las primeras subas ya golpean el bolsillo: tras el salto del dólar de la semana pasada, se registraron aumentos del 3 % al 6 % en fideos, azúcar y aceite, y del 7 % al 10 % en productos de higiene. La Copal envió listas a supermercados con incrementos de entre 3 % y 9 %, lo que anticipa que la desaceleración inflacionaria podría tener los días contados.

Para Ruiz, la gran pregunta es “a costa de qué o de quiénes” se logra perforar el 2 % mensual. Su respuesta apunta a los sectores más vulnerables y a una clase media que, cada vez más, recorta en alimentos. En demasiadas casas, el mate cocido con pan reemplaza la cena: la inflación baja, pero el hambre no.

(Fuente: Perfil)

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