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Villa de Merlo

La obra de la primera escuela en el barrio 272 viviendas avanza en tiempo y forma

Trabajadores de la construcción comparten su alegría por poder ser parte de la obra. Distintas historias de vida que se encontraron en un mismo lugar y generan lazos de amistad y compañerismo.
sábado 06 de agosto de 2022
La obra de la primera escuela en el barrio 272 viviendas avanza en tiempo y forma
Avanza la obra de la primera escuela en el barrio 272 viviendas. (ANSL)
Avanza la obra de la primera escuela en el barrio 272 viviendas. (ANSL)

Apenas comienzan a asomarse los primeros rayos de sol suena el despertador de Rubén, es lunes y hay que volver al trabajo. Se toma unos mates con su compañera, se sube a su moto, hoy no hace tanto frío como para ir en auto, y se dirige al barrio 272 viviendas. Saluda a sus compañeros de trabajo, se preguntan por el fin de semana, mientras se colocan los cascos amarillos, y comienzan a llenar las columnas de concreto de lo que será la primera escuela en el barrio.

Él hace 15 años vive en la Villa de Merlo y se dedica a la construcción hace un tiempo. Cuando se enteró de la obra que llevaría adelante el Gobierno de la provincia en el barrio quiso sumarse al proyecto. “Cuando pude ingresar a la obra me puse muy contento”, cuenta mientras corta para almorzar con sus compañeros, “Durante la pandemia el tema del trabajo fue muy complicado. Pero gracias a Dios se empezaron a hacer un poco de obras, obras públicas y ya con eso podemos ir saliendo adelante”, dice.

Diego trabaja con Rubén, durante la semana para en una hostería de Santa Rosa del Conlara junto a otros compañeros. El fin de semana vuelve a su casa donde lo espera su mujer y sus hijos de 5, 7 y 13 años, quienes están orgullosos de que su papá esté construyendo una escuela: “El primer día que llegué de trabajar, mi hijo más chico me preguntó qué estaba haciendo y le conté que estaba construyendo una escuela y me pidió que le mostrara fotos, así que mis compañeros me pasan videos y yo se los mando para que los vea. Está chocho, muy contento, felíz”, cuenta con emoción.

Apenas comienzan a asomarse los primeros rayos de sol suena el despertador de Rubén, es lunes y hay que volver al trabajo. Se toma unos mates con su compañera, se sube a su moto, hoy no hace tanto frío como para ir en auto, y se dirige al barrio 272 viviendas. Saluda a sus compañeros de trabajo, se preguntan por el fin de semana, mientras se colocan los cascos amarillos, y comienzan a llenar las columnas de concreto de lo que será la primera escuela en el barrio.

Él hace 15 años vive en la Villa de Merlo y se dedica a la construcción hace un tiempo. Cuando se enteró de la obra que llevaría adelante el Gobierno de la provincia en el barrio quiso sumarse al proyecto. “Cuando pude ingresar a la obra me puse muy contento”, cuenta mientras corta para almorzar con sus compañeros, “Durante la pandemia el tema del trabajo fue muy complicado. Pero gracias a Dios se empezaron a hacer un poco de obras, obras públicas y ya con eso podemos ir saliendo adelante”, dice.

Diego trabaja con Rubén, durante la semana para en una hostería de Santa Rosa del Conlara junto a otros compañeros. El fin de semana vuelve a su casa donde lo espera su mujer y sus hijos de 5, 7 y 13 años, quienes están orgullosos de que su papá esté construyendo una escuela: “El primer día que llegué de trabajar, mi hijo más chico me preguntó qué estaba haciendo y le conté que estaba construyendo una escuela y me pidió que le mostrara fotos, así que mis compañeros me pasan videos y yo se los mando para que los vea. Está chocho, muy contento, felíz”, cuenta con emoción.

Para él también es importante estar trabajando en una obra de tales características, que tiene un monto asignado para su ejecución de 369 millones de pesos. “Es una linda experiencia trabajar en la construcción de una escuela”, afirma y sigue pegando ladrillos. Porque aparte de ser una reactivación laboral y un gran alivio económico para su familia, está realizando una obra que beneficiará a muchos niños y niñas como los suyos. “Extraño a mi familia, pero agradezco tener esta posibilidad”, concluye.

“Pasame el metro”, se escucha en el playón que se está construyendo. Ricardo se apura a tomar las últimas medidas de la jornada mientras comienza a caer el sol. Él vive en San Luis Capital y durante la semana, al igual que Diego, está parando en Santa Rosa. “Cuando me dieron la opción de venir a trabajar a Merlo me anoté para conocer y salir de la rutina diaria de estar en San Luis. Acá se está tranquilo”, cuenta. Tiene una nena que va a jardín de infantes y lo recibe los fines de semana siempre con un abrazo. Como todos sus compañeros, siente que esta posibilidad laboral es un gran alivio económico para su familia, en especial con lo dura que fue la pandemia para el rubro de la construcción, y afirma que esta obra tiene una connotación especial. “Es bueno estar construyendo una escuela porque, por lo que escuchamos de la gente de la zona, tenían que ir lejos a la escuela más cercana. Es lindo que tengan en el barrio algo más cerca. Por el invierno, los calores, el transporte. A ellos les beneficia mucho esto”, dice mientras se lava las manos luego de terminar su jornada.

“¿Hoy sale fútbol no?” Pregunta Ricardo. Es que quienes están parando en la hostería aprovechan cada fin de la jornada para distenderse un poco. A veces jugando a las cartas y otras, como hoy, pateando un rato la pelota. Las horas que comparten laboralmente y la lejanía con sus familias hacen que los lazos se unan más allá del trabajo.

ANSL

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