Economía doméstica
La deuda aprieta a las familias: en San Luis más de uno de cada tres deudores está en mora
La deuda ya entró en millones de hogares argentinos. Tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento otorgado por billeteras virtuales conforman un entramado que permitió durante un tiempo sostener consumos, cubrir gastos o postergar el impacto de ingresos insuficientes. Los últimos números muestran ahora la otra cara: cada vez más personas tienen dificultades para cumplir con esos compromisos.
Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado a partir de información de la Central de Deudores del Banco Central, contabilizó en mayo 20,9 millones de personas con deudas en bancos y/o proveedores no financieros de crédito. De ellas, 5,8 millones se encontraban en mora.
La situación también aparece reflejada en las estadísticas oficiales del Banco Central. El organismo informó que en mayo el índice de irregularidad de las financiaciones otorgadas a las familias llegó al 12,8%, mientras que un mes antes había sido del 12,1%.
SAN LUIS, ENTRE LAS MÁS AFECTADAS
Cuando la información se desagrega territorialmente, San Luis presenta indicadores que superan los promedios de buena parte del país.
Según el estudio de CEPA, la provincia registra una morosidad total del 20,1%. Pero existe otro indicador que permite observar mejor la dimensión social del problema: el 35,6% de las personas endeudadas en San Luis registra atrasos. En términos sencillos, más de uno de cada tres puntanos que tomó algún tipo de financiamiento tiene dificultades para cumplir regularmente con sus pagos.
La situación es diferente según el origen de la deuda. Entre quienes recurrieron a bancos, el 19% de los deudores puntanos está en mora. En el universo de billeteras virtuales y otros proveedores no financieros, la proporción trepa al 38,9%.
También cambia la proporción del dinero prestado que se encuentra comprometido. En las entidades bancarias de San Luis la morosidad alcanza el 15% de la cartera, mientras que entre billeteras y proveedores no financieros llega al 31,2%.
Ese fenómeno merece una lectura independiente: el crecimiento del crédito inmediato desde el teléfono y las dificultades posteriores para devolverlo forman parte de una transformación relativamente nueva del endeudamiento familiar.
CUANDO EL INGRESO NO ALCANZA
Las estadísticas financieras permiten medir tarjetas, préstamos y otras líneas formales, pero dejan fuera una parte de la economía cotidiana de los hogares.
El propio estudio de CEPA advierte sobre esa limitación. El mapa financiero no alcanza a registrar completamente otras obligaciones que también pueden acumularse cuando faltan ingresos: deudas informales, préstamos familiares o compromisos que quedan fuera del sistema financiero.
Por eso, la morosidad constituye apenas una parte visible del fenómeno. Antes de dejar de pagar una deuda, muchas familias pueden recurrir a refinanciaciones, pagar solamente una parte de la tarjeta, solicitar otro crédito o desplazar gastos hacia el mes siguiente.
El deterioro se produjo además con rapidez. Las estadísticas mensuales del Banco Central muestran que la mora de las familias continúa creciendo: pasó del 12,1% en abril al 12,8% en mayo, aunque el organismo señaló que comenzó a moderarse el ritmo mensual de aumento.
El BCRA aclara, al mismo tiempo, que el sistema financiero mantiene elevados niveles de liquidez y solvencia y capacidad para absorber potenciales pérdidas derivadas del riesgo crediticio. Es decir, el crecimiento de la mora que golpea a los hogares no implica, de acuerdo con el organismo, un problema de solvencia del sistema bancario.
“UN PROBLEMA ENTRE PRIVADOS”
El crecimiento del endeudamiento llegó también a la discusión política. Consultado recientemente sobre la posibilidad de que el Estado adopte medidas frente al aumento de la morosidad, el presidente Javier Milei rechazó esa alternativa.
“Es un problema entre privados”, sostuvo el mandatario, quien descartó impulsar un salvataje estatal para quienes acumularon deudas y vinculó una intervención de ese tipo con políticas que considera populistas.
La posición presidencial abre una discusión que excede al sistema financiero. Mientras el Gobierno sostiene que las obligaciones fueron contraídas entre particulares y deben resolverse en ese ámbito, los números muestran que el problema alcanza a millones de personas.
En San Luis, esa fotografía adquiere una dimensión concreta: 35,6 de cada 100 personas que tienen alguna deuda financiera ya presentan atrasos en sus pagos.