2025-11-11

Avances en la investigación policial y judicial

A dos años del robo y crimen de Cerro de Oro, la causa empieza a esclarecerse

La muerte de María Cristina Méndez, ocurrida durante un brutal asalto en 2023, podría tener un giro clave. Tras nuevos allanamientos en Traslasierra, la policía secuestró un vehículo que habría sido usado por los autores del hecho. Los investigadores confían en que pronto se lograrán imputaciones formales.

A dos años y medio del brutal robo cometido en Cerro de Oro, donde murió María Cristina Méndez (69) a causa de sufrir el maltrato de los delincuentes y las consecuencias de las condiciones a la cual fue sometida, los investigadores son optimistas. Es que el Departamento Homicidios de la policía de San Luis de manera silenciosa avanzó con pistas que podría dar con los autores del violento hecho, cuya causa está caratulada como “homicidio en ocasión de robo calificado, en concurso real, con privación ilegítima de la libertad, violación de domicilio y lesiones”.

Días atrás, se secuestró un vehículo en la localidad de Mina Clavero, (Traslasierra) al que las fuentes indican como el rodado usado por los delincuentes para trasladarse hasta el lugar del hecho y vigilar la zona. Integrantes del Departamento de Homicidios Concarán y la Brigada de Investigaciones allanaron un domicilio ubicado a la altura del kilómetro 1 de la ruta provincial E34, donde los policías secuestraron una camioneta Volkswagen Saveiro Cross.

La fuente indicó que en el domicilio allanado se encontraba un hombre de 27 años, quien manifestó ser propietario de la camioneta desde hace aproximadamente cuatro meses, tras un intercambio realizado en Villa de Merlo. A partir de ese procedimiento y la línea de investigación que se mantiene podrían surgir novedades dentro y fuera de la provincia, para terminar de cerrar el circulo sobre los sospechosos y poder formular una acusación formal sobre ellos.

PESADILLA

La pesadilla que vivieron dos matrimonios oriundos de Vicuña Mackena se inició el sábado 18 de febrero a la noche.  Como era habitual, Carlos Ferreyra y María Cristina Méndez decidieron pasar unos días en Villa de Merlo. Estaban juntos desde hacía quince años y con mucho esfuerzo habían construido una casa en las inmediaciones de las calles Cedrón y Manzanilla, en Cerro de Oro, un barrio histórico de Merlo. Allí elegían pasar las vacaciones.

El fin de semana del horror, Carlos y María Cristina llegaron a Merlo junto a otra pareja amiga. Viajaron desde Mackena en una camioneta Eco Sport blanca y arribaron a la villa turística el viernes al mediodía para compartir unos días de descanso.

Ese sábado 18, las dos parejas compartían la cena: unas empanadas, vino y jugo. La charla amistosa fue alterada por un estampido. Los delincuentes, a las patadas, abrieron la puerta de entrada y uno de ellos, con un arma, apuntó a los cuatro adultos mayores. Encapuchados y vestidos de oscuros avanzaron sobre las víctimas. A los gritos pedían “dólares” en la creencia que estaban ante personas que tenían en su poder mucho dinero, aunque no era así.

Las víctimas fueron atadas de pies y manos con elementos que los delincuentes encontraron en la vivienda, tales como cables de aparatos eléctricos y tiras de cortinas. Los obligaron a tirarse al suelo y los taparon con mantas y ropas para cubrir la visión que podían llegar a tener. Antes les dieron de tomar vino con algún tipo de pastillas o sustancias, para adormecerlos.

Los elementos reportados como sustraídos fueron: dinero en efectivo (una suma aproximada de $40.000 pertenecientes a Ferreyra, y otros $100.000 del matrimonio amigo); una chequera del Banco Nación a nombre de Carlos Alberto Ferreyra; los teléfonos celulares de las víctimas; un termo; una alianza de casamiento; un kit de medición de glucemia, un bolso, las llaves de la camioneta y un animal faenado.

SIN MOVIMIENTO

Aproximadamente 24 horas después del violento hecho, una vecina histórica del lugar se presentó en la vivienda. Iba a ofrecer a María Cristina un cuaderno con productos cosméticos. Sin embargo, esa visita cordial se trastocó. Al no observar movimientos en todo el día y advertir que el vehículo de sus vecinos tenía las cuatro ruedas desinfladas, avisó a la policía. Un mal presagio la atravesó.

Efectivos de la Comisaría 42 fueron los primeros en llegar al lugar. Encontraron a las víctimas agrupadas en un estrecho pasillo, tendidas en el suelo. Tres de ellas presentaban lesiones leves, estaban en estado de shock y se ordenó que fueran trasladadas al Hospital “Madre Catalina Rodríguez” de la Villa de Merlo.

La cuarta víctima fue hallada sin signos vitales: era María Cristina. Su deceso fue constatado por profesionales del SEMPRO. Más tarde, el cuerpo fue trasladado a la morgue judicial de Concarán, donde se practicó la correspondiente autopsia. En el informe, el forense indicó que la muerte fue producida a consecuencia de síndrome asfíctico, por asfixia postural o posicional, desencadenando un mecanismo de congestión cardiopulmonar, con el consecuente fallo cardiorrespiratorio.

Al respecto, refirió que, la postura; la fuerte atadura de las muñecas por muchas horas (aproximadamente, 18); la inmovilidad; el estado de confinamiento en un espacio muy reducido; la gran cantidad de horas sin ingesta de líquidos; el estado de extremo estrés y la avanzada edad de la paciente; claudicaron en su esfuerzo respiratorio, provocando la congestión cardiopulmonar y, en consecuencia, el fallo cardiorrespiratorio.

El informe judicial indica que la data de muerte aproximada fue de cinco a ocho horas anteriores del aviso a la instrucción policial. Es decir, que el deceso se habría producido el domingo 19 de febrero, pasado el mediodía. La causa está caratulada como “homicidio en ocasión de robo calificado, en concurso real, con privación ilegítima de la libertad, violación de domicilio y lesiones”. Y por primera vez, después de dos años y medio, se está cerca de dar con los delincuentes.

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