Deja una huella eterna
Dolor en el fútbol argentino: falleció Miguel Ángel Russo a los 69 años
Miguel Ángel “Miguelo” Russo nació en Lanús el 9 de abril de 1956 y dedicó su vida al fútbol con una pasión serena y constante. Como jugador, hizo toda su carrera en Estudiantes de La Plata, donde debutó en 1975 y jugó durante 14 temporadas consecutivas. Con el “Pincha” fue campeón del Metropolitano 1982 y del Nacional 1983, y llegó a vestir la camiseta de la Selección Argentina entre 1983 y 1985, aunque una lesión le impidió participar del Mundial de México 86.
Tras colgar los botines, inició una larga y respetada carrera como director técnico, marcada por el trabajo, la coherencia y el respeto. Su primera gran alegría la tuvo en Lanús, al lograr el ascenso a Primera en 1990. Luego pasó por Estudiantes, Vélez, Boca, Rosario Central, San Lorenzo, Racing, Colón, Los Andes y también dirigió en el exterior: Universidad de Chile, Millonarios, Cerro Porteño, Alianza Lima y Al Nassr de Arabia Saudita, entre otros.
En Vélez Sarsfield consiguió el Clausura 2005, y dos años más tarde alcanzó la gloria eterna con Boca Juniors, al conquistar la Copa Libertadores 2007 junto a figuras como Riquelme, Palermo y Palacio. Volvió al “Xeneize” en 2019 y nuevamente en 2025, cuando dirigió al equipo en el Mundial de Clubes.
Su vínculo con Rosario Central fue especial: logró el ascenso a Primera en 2013 y coronó una historia de amor con el club al ganar la Copa de la Liga 2024, antes de dejar el cargo por problemas de salud.
Afectuoso, sencillo y profundamente respetado, Russo representó la figura del entrenador caballero, de los viejos códigos y el amor genuino por el juego. Siempre con perfil bajo, su legado trasciende los títulos: deja el ejemplo de un hombre íntegro que vivió y murió por el fútbol.
El fútbol argentino pierde a un maestro, pero su huella —en los clubes, en los vestuarios y en los corazones de los hinchas— será imborrable.
Hasta siempre, Miguelo.