En Córdoba
Nació “Yuspe”, un nuevo cóndor andino en el centro Tatú Carreta, emblema de las Altas Cumbres
El 2 de septiembre nació “Yuspe”, un cóndor andino (Vultur gryphus) en el centro de rescate Tatú Carreta, ubicado en Huerta Grande, en el Valle de Punilla. El nombre recuerda al río homónimo que atraviesa las sierras y rinde homenaje a una especie emblemática de las Altas Cumbres cordobesas.
Se trata del tercer cóndor nacido en cautiverio en este lugar, luego de Yastay y Camin, ambos ya liberados en la cordillera de Río Negro. El nacimiento adquiere un valor especial porque la semana pasada la provincia de Córdoba declaró al cóndor andino “Monumento Natural”, máxima categoría de protección.
Una cría esperada
La médica veterinaria María Ahumada, responsable de Tatú Carreta, destacó la importancia de este nacimiento:
“Los cóndores son aves de reproducción lenta. Con mucha suerte ponen un solo huevo al año y suelen tener una cría cada dos años. Por eso, cada nacimiento es un logro enorme”.
Yuspe nació incluso antes de lo esperado: lo habitual es que los pichones lleguen en noviembre. Fue incubado durante 60 días por ambos padres que, pese a no poder volar por lesiones irreversibles, cumplieron con el ciclo natural de cuidado: se turnaron en la incubación, alimentan al pichón regurgitando la comida y lo protegen bajo sus alas.
Padres heridos, hijo libre
La historia de Yuspe está atravesada por la acción humana. Su padre perdió un ala y su madre quedó con una lesión que le impide volar. Por eso permanecerán en cautiverio. Sin embargo, su hijo tiene otro destino: ser liberado a la vida silvestre.
“El plan es conformar parejas reproductivas en cautiverio y liberar a las crías”, explicó Ahumada.
Camino a la libertad
Durante un año, Yuspe permanecerá en la reserva mientras aprende a volar y completa su plumaje juvenil. Luego será trasladado a un sitio de preliberación, donde se integrará a una bandada de cóndores jóvenes en un proceso de socialización.
Allí comenzará el seguimiento en conjunto con el Programa de Conservación del Cóndor Andino en Argentina, que incluye identificación, monitoreo y acompañamiento en su adaptación.
Una especie sagrada y amenazada
El cóndor andino es una de las aves más majestuosas del continente: puede alcanzar más de tres metros de envergadura y vivir hasta 75 años. Su silueta sobrevolando las sierras es símbolo de las Altas Cumbres y figura central en la cosmovisión de muchos pueblos originarios, que lo veneran como espíritu protector.
Pero su supervivencia está en riesgo. Las principales amenazas son el envenenamiento por plomo, a través de animales cazados con municiones, y los cebos tóxicos usados para eliminar pumas o zorros. Como el cóndor se alimenta de carroña, al ingerirlos muere de inmediato.
Una nueva esperanza
La declaración como Monumento Natural de Córdoba en 2024 refuerza los esfuerzos de conservación. La norma lo protege junto a otras especies emblemáticas como el sapo de Achala, el águila coronada, el guanaco y el aguará guazú.
En ese contexto, la llegada de Yuspe representa no solo un triunfo para Tatú Carreta, sino también una señal de esperanza para la preservación del cóndor andino, emblema indiscutido de las Altas Cumbres cordobesas.