Villa de Merlo

10 años, 10 hitos: cuando la UNLC comenzó a hacerse realidad

Hace una década, la Universidad Nacional de los Comechingones comenzaba a transitar sus primeros pasos. Había una ley, un proyecto y el desafío de transformar una idea largamente esperada en una institución universitaria. En abril de 2016, con la designación de su rectora organizadora, comenzó una etapa decisiva que un año después tendría a sus primeros estudiantes.
viernes 11 de septiembre de 2026
Agustina Rodríguez Saá asumió como rectora organizadora de la UNLC y comenzó formalmente una etapa destinada a poner en marcha la nueva universidad.
Agustina Rodríguez Saá asumió como rectora organizadora de la UNLC y comenzó formalmente una etapa destinada a poner en marcha la nueva universidad.

Diez años pueden parecer mucho tiempo. Pero para una universidad, una década puede ser apenas el comienzo de una historia.

En 2016, la Universidad Nacional de los Comechingones todavía era, en buena medida, un proyecto por construir. La institución había sido creada por la Ley 26.998, sancionada en 2014, pero quedaba por delante una tarea enorme: ponerla en funcionamiento, definir su identidad académica, conformar sus equipos y generar las condiciones para que los primeros estudiantes pudieran ingresar a sus aulas.

El 8 de abril de 2016 marcó un punto de partida. Ese día, Agustina Rodríguez Saá asumió como rectora organizadora de la UNLC y comenzó formalmente una etapa destinada a poner en marcha la nueva universidad.

No había entonces un edificio académico propio ni una comunidad universitaria consolidada. Había que construir prácticamente todo.

El desafío de empezar

Los primeros meses estuvieron signados por reuniones, planificación y decisiones destinadas a darle forma a la institución.

Uno de los primeros espacios que albergó a la nueva universidad fue la Casa del Poeta Antonio Esteban Agüero, en Villa de Merlo. Desde allí comenzó a organizarse una estructura que poco a poco iría incorporando docentes, trabajadores y propuestas académicas.

Pero la construcción de una universidad no se limita a levantar paredes o conformar una estructura administrativa. También implica definir qué profesionales se quieren formar, qué necesidades de la región se pretende atender y qué lugar ocupará la institución dentro de la comunidad.

Desde sus comienzos, la UNLC buscó construir una propuesta vinculada con las características del territorio y con algunos de sus principales desafíos: el ambiente, el agua, los incendios forestales, el desarrollo sostenible y el ordenamiento territorial.

Era una universidad que nacía con una fuerte mirada puesta en su región.

El sueño comenzó a tomar forma

El siguiente gran paso llegaría en 2017.

El 8 de mayo de ese año, la Universidad Nacional de los Comechingones recibió a sus primeros ingresantes para comenzar el Curso Preparatorio Universitario. Más de 220 personas se habían preinscripto para las primeras carreras.

Aquella jornada tuvo un valor que excedía ampliamente el comienzo de un ciclo académico.

Por primera vez, la UNLC tenía estudiantes.

La institución dejaba de ser solamente un proyecto y comenzaba a convertirse en una comunidad universitaria.

Las primeras carreras fueron Gestión del Agua, Gestión Integral de Incendios Forestales y Planificación y Ordenamiento Territorial, propuestas que reflejaban aquel perfil regional con el que la universidad había decidido iniciar su camino.

En aquel acto de bienvenida, la rectora organizadora definió el momento como la concreción de un sueño compartido y destacó que las puertas de la nueva universidad quedaban abiertas para todos.

La escena tenía además un fuerte componente simbólico: estudiantes de distintas localidades comenzaban a ocupar los espacios donde hasta poco tiempo antes solamente había reuniones de organización y planificación.

Una universidad que empezaba a caminar

Durante aquel primer período también comenzó a construirse algo que sería fundamental para los años siguientes: el sentido de pertenencia.

Docentes, estudiantes, trabajadores y autoridades fueron dando forma a una institución que todavía no tenía las dimensiones que alcanzaría con el tiempo, pero que ya comenzaba a ocupar un lugar propio en Villa de Merlo y en la región.

En noviembre de 2017, al cumplirse tres años de la creación de la UNLC, Rodríguez Saá destacó que quienes integraban aquella comunidad eran parte de un proceso fundacional único.

La expresión resumía el desafío de aquellos primeros años.

No se trataba solamente de administrar una universidad. Se estaba construyendo una universidad desde sus primeros cimientos.

Diez años después

Con el paso del tiempo llegarían nuevos acontecimientos que marcarían la historia de la institución: las primeras elecciones universitarias, la elección de su primera rectora, los primeros egresados, la creación de nuevas carreras, la construcción del edificio académico propio, la expansión de la investigación y la vinculación con otras universidades e instituciones.

También habría momentos inesperados, como la pandemia de 2020, que obligó a modificar rápidamente la manera de enseñar y aprender.

Pero todos esos capítulos tienen un punto de partida.

Fue aquella primera etapa de 2016 y 2017, cuando un grupo de personas comenzó a transformar una universidad creada en el papel en una institución que ya tenía estudiantes y empezaba a construir su propia historia.

Hoy, diez años después del inicio de su actividad académica, mirar hacia aquellos primeros días permite dimensionar cuánto cambió la Universidad Nacional de los Comechingones.

La Casa del Poeta, las primeras reuniones, los primeros docentes y aquellos estudiantes que atravesaron por primera vez las puertas de la universidad forman parte de una memoria que merece ser recuperada.

Porque antes de los edificios, de los títulos, de los proyectos científicos y de las nuevas carreras, hubo algo fundamental: hubo una universidad que comenzó a hacerse realidad.

 

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