Rumbo al 2027

La oposición ensaya la unidad y empieza a discutir cómo disputar el poder en Merlo

Dirigentes del peronismo, el socialismo, el kirchnerismo y espacios locales comenzaron a explorar un frente común para 2027. Hay voluntad de avanzar, pero quedan cuestiones decisivas por resolver: cómo elegir las candidaturas, sobre qué acuerdos sostenerlas y quién está verdaderamente dispuesto a disputar la Intendencia en el principal bastión del radicalismo puntano.
martes 01 de septiembre de 2026
La oposición se sienta a la misma mesa y empieza la verdadera disputa por Merlo
La oposición se sienta a la misma mesa y empieza la verdadera disputa por Merlo

La reunión existió. El frente, todavía no. El encuentro que el domingo pasado sentó alrededor de una misma mesa a dirigentes de procedencias políticas diferentes dejó una señal que vale bastante más que la versión, todavía embrionaria, de crear un frente electoral local. Lo que comenzó a discutirse es si fuerzas que transitan caminos distintos —y en algunos casos enfrentados— en la política provincial pueden levantar una frontera alrededor de Merlo y construir dentro de ella una alternativa electoral común para 2027. La voluntad está. El resto está por hacerse.

Del encuentro participaron, entre otros, Gastón Fonseca, dos veces concejal y quien ya manifestó su decisión de competir por la Intendencia; la concejala Lucía Miranda y el diputado provincial Walter Pollo, pertenecientes al PJ; la concejala Ana Laura Ferrarotti, vinculada al espacio kirchnerista; el exconcejal Mariano Stinga, referente del socialismo merlino; la exconcejal Virginia Morales, del peronismo, y Carlos Núñez, de Nuevo Encuentro. Hubo además dirigentes y militantes de otros sectores.

Una ausencia fue la de Gloria Petrino, exintendenta y exlegisladora provincial. El dato tiene relevancia por su trayectoria y pertenencia al peronismo, aunque sería apresurado convertir una ausencia en una definición política.

Hubo, además, un ruido inesperado. La difusión pública del encuentro provocó cierto malestar entre algunos de los participantes, que hubieran preferido preservar el carácter reservado de una conversación todavía preliminar. Las quejas circularon por lo bajo. Es también una medida del momento que atraviesa la construcción: hay conversaciones, tanteos y voluntad, pero todavía no hay acuerdos que puedan exhibirse sin cautela.

LA CANDIDATURA

El primer problema aparece apenas termina la coincidencia inicial. ¿Quién quiere realmente ser intendente de Merlo? ¿Y cómo se elegirá a quien encabece el eventual frente?

La cuestión excede largamente una disputa de nombres. Una candidatura a intendente requiere algo más que disponibilidad para integrar una boleta. Supone vocación de poder, un proyecto para gobernar, estructura política y, sobre todo, la convicción personal de que es posible disputar de igual a igual una elección contra un radicalismo que conoce como pocos el territorio electoral merlino. Y eso no para cualquiera.

Fonseca parte con una definición que otros todavía no hicieron: quiere ser intendente y lo ha dicho. Además, viene construyendo una estructura política propia de alcance municipal. Eso lo coloca necesariamente dentro de la discusión, pero no la resuelve.

Merlo tiene un antecedente que inevitablemente vuelve a la memoria. En 2011, Gloria Petrino enfrentó una interna contra otros aspirantes del peronismo. Aquella competencia, lejos de debilitarla, le dio volumen político, legitimó su candidatura y terminó siendo el peldaño previo a su llegada a la Intendencia. Hoy no aparece a la vista una herramienta electoral semejante para ordenar una coalición mucho más heterogénea.

En las conversaciones ya asomó la posibilidad de recurrir a encuestas. Pueden ser instrumentos valiosos si están hechas con rigor, pero siguen siendo fotografías de un momento. Un dirigente puede no encabezar una medición y, sin embargo, reunir condiciones para crecer durante una campaña, sumar electorados distintos o representar mejor una construcción colectiva.

Si no existe una elección que ordene las candidaturas, el frente deberá inventar un método que todos reconozcan como legítimo. O deberá ocurrir algo bastante más difícil: que emerja una figura con un consenso tan amplio que vuelva innecesaria la disputa.

DOS LÓGICAS

Hay otro obstáculo, menos evidente que los nombres pero posiblemente más complejo. No todos los que se sentaron a conversar tienen la misma autonomía. El PJ forma parte de una estructura provincial y nacional. Sus dirigentes merlinos no pueden abstraerse completamente de las alianzas, candidaturas y decisiones que adopte el partido en San Luis. La política provincial terminará entrando por alguna puerta a una mesa que pretende discutir exclusivamente Merlo.

Otros sectores tienen mayor margen. El socialismo merlino posee estructura propia y Fonseca construyó una herramienta de alcance municipal. Para ellos resulta más sencillo pensar primero en Merlo y después en el tablero provincial. Allí reside una de las tensiones que deberá resolver cualquier frente que aspire a sobrevivir hasta las elecciones.

Mientras se habla de unidad en términos generales, las diferencias pueden administrarse. La hora de la verdad llegará cuando haya que repartir poder: quién encabeza, quién ocupa los primeros lugares de la lista de concejales, quién resigna una candidatura y quién acepta acompañar a alguien que proviene de otra tradición política.

El peronismo carga, además, con sus propias fracturas y derrotas. El llamado a la unidad que distintas vertientes vienen formulando en San Luis todavía no consiguió borrar las divisiones acumuladas durante los últimos años. La experiencia merlina deberá comprobar cuánto puede aislarse de esa disputa y cuánto terminará condicionada por ella.

LOS DE AFUERA

Pero la política de Merlo ya no transcurre únicamente dentro de los partidos. En los últimos tiempos adquirieron protagonismo organizaciones vecinales, ambientalistas y espacios de funcionamiento casi asambleario que intervinieron en discusiones sensibles de la ciudad. Algunos consiguieron torcer decisiones, abrir debates que parecían cerrados o forzar al poder político a escuchar voces que inicialmente habían quedado afuera.

Esos sectores comenzaron a ejercer, de hecho, una suerte de auditoría política e ideológica. Observan al oficialismo, pero también pretenden marcarle límites a la oposición.

Hasta ahora esa posición les permitió moverse con una libertad que los partidos no tienen. El calendario electoral planteará otro dilema: mantenerse afuera y conservar el papel de fiscalizadores del poder, participar de la construcción de un frente o reclamar representación dentro de él.

Si eligen involucrarse, también tendrán que aceptar las reglas menos cómodas de una coalición: negociar, ceder, convivir con diferencias y asumir que ninguna fuerza consigue una alianza amplia imponiendo todas sus condiciones.

Porque una unidad capaz de ganar exige algo que suele ser mucho más difícil que sentarse juntos: renunciar a una parte para construir algo mayor.

EL MOMENTO

La oposición tampoco eligió al azar este momento para empezar a mirarse. La administración municipal atraviesa una situación financiera compleja. Las asistencias recibidas desde el Gobierno provincial, los cuestionamientos opositores sobre el manejo de los recursos y las dificultades que aparecen alrededor de distintos compromisos municipales fueron erosionando aquella imagen de prolijidad administrativa que el oficialismo procura sostener a través de la presentación de sus números.

En ámbitos políticos y comerciales circula desde hace tiempo una versión todavía más delicada: proveedores que presentaron cheques municipales en el Banco Supervielle y encontrarían como respuesta la falta de fondos. Y suman millones en el conjunto de esos pagos rechazados. Y allí aparece una paradoja que la oposición deberá mirar con atención. Las dificultades del oficialismo pueden abrir una oportunidad electoral. Pero esas mismas dificultades podrían convertirse en la herencia de quien gane.

Quien aspire seriamente a gobernar Merlo desde 2027 tendrá que imaginar no solamente cómo llegar a la Municipalidad, sino qué hará al día siguiente. Si las cuentas continúan deteriorándose, el próximo intendente podría encontrarse con una administración bastante más difícil que la actual.

Eso obliga a elevar la discusión. Un frente armado únicamente para derrotar al radicalismo puede reunir votos; difícilmente alcance para gobernar. La construcción necesita algún acuerdo programático sobre las prioridades de la ciudad, sus recursos, los servicios, el crecimiento urbano y la administración municipal.

EL BASTIÓN

Y enfrente estará el radicalismo. Conviene recordarlo porque el entusiasmo que suele acompañar los primeros movimientos de una oposición puede deformar la perspectiva. Villa de Merlo ha sido históricamente uno de los territorios más sólidos de la UCR en San Luis. Gobernó la ciudad durante largos períodos, conserva estructura, militancia y un conocimiento electoral del territorio acumulado durante décadas.

Desde Merlo, además, el radicalismo consiguió proyectar dirigentes hacia la política provincial. Juan Álvarez Pinto, después de gobernar la ciudad, alcanzó la presidencia de la UCR de San Luis y ocupa un ministerio. No es un dato menor. Ayuda a dimensionar la fortaleza del adversario y también la magnitud de lo que intenta construir la oposición.

Juntar peronistas, socialistas, kirchneristas, dirigentes de espacios municipales, vecinalistas e independientes puede ofrecer una señal política potente. Pero una suma de siglas, estructuras y dirigentes no produce por sí misma una mayoría electoral.

La reunión del domingo abrió una hendija. Personas que en el escenario provincial pueden terminar recorriendo caminos diferentes aceptaron explorar la posibilidad de compartir uno en Merlo. La oposición, -o ésta oposición al menos porque habrá otras en el 2027-, ya consiguió algo que hace un tiempo parecía difícil: encontró una mesa donde sentarse.

Ahora empieza lo verdaderamente complicado: construir confianza, acordar un programa, establecer un método y encontrar a alguien que no solamente quiera encabezar una boleta, sino que esté dispuesto a disputar el poder y convencer a una mayoría de que puede gobernar Merlo.

 

¿Que opinión tenés sobre esta nota?