Escenario 2027

La oposición busca un candidato único para disputar Merlo y terminar con el dominio radical

Peronistas de distintas vertientes, socialistas, sectores kirchneristas y espacios vecinales exploran una construcción estrictamente local, capaz de sobrevivir a las diferencias provinciales. Las movilizaciones por la Cooperativa de Agua y el ordenamiento territorial dejaron una señal que algunos dirigentes empiezan a leer en clave electoral: existe una oposición social al oficialismo. El desafío es mucho más difícil: convertirla en una mayoría política.
domingo 23 de agosto de 2026
En San Luis, las elecciones provinciales y locales serían en junio 2027.
En San Luis, las elecciones provinciales y locales serían en junio 2027.

Hay una idea que comenzó a circular con insistencia entre dirigentes opositores de Villa de Merlo: para ganar la Intendencia habrá que juntarse. La frase parece elemental. En la práctica supone sentar alrededor de una misma mesa a sectores que tienen historias, pertenencias y referencias provinciales diferentes y, en algunos casos, relaciones difíciles entre sí. Peronistas que miran hacia distintos liderazgos, socialistas, kirchneristas, agrupaciones locales y dirigentes que cuentan con estructuras propias deberán resolver si están dispuestos a relegar una candidatura para acompañar otra.

El objetivo que empieza a insinuarse es construir un gran frente electoral merlino, con autonomía suficiente para que las diferencias provinciales no terminen fragmentándolo. Una alianza concebida para una sola elección y detrás de un candidato a intendente capaz de disputarle el gobierno municipal al radicalismo. Todavía falta mucho y también falta lo más difícil: el nombre. Pero algo empezó a moverse en reuniones poco públicas.

ANTES QUE LOS PARTIDOS

Curiosamente, las primeras fotografías de una eventual confluencia opositora no surgieron de una reunión partidaria. Una de ellas apareció durante el conflicto por la Cooperativa de Provisión de Agua de Merlo, una institución con más de seis décadas de historia y un enorme peso comunitario. La disputa por su conducción provocó una reacción que atravesó identidades partidarias.

La controvertida asamblea que pretendió modificar la conducción de la entidad terminó observada por el organismo provincial encargado de fiscalizar este tipo de instituciones. Después llegó una nueva asamblea y la elección de Belén Gurruchaga como presidenta.

Más allá de las responsabilidades y las interpretaciones sobre aquel episodio, políticamente quedó una imagen: vecinos y dirigentes provenientes de lugares diferentes podían coincidir cuando percibían que estaba en juego una institución propia de Merlo. Algo parecido ocurrió con el ordenamiento territorial.

Organizaciones ambientalistas, vecinos y diferentes espacios comenzaron a reclamar participación en una discusión que, por su complejidad técnica, podía haber quedado encerrada entre planos, indicadores urbanísticos y despachos oficiales. No ocurrió.

La discusión sobre qué Merlo se puede construir, dónde y bajo qué condiciones terminó tocando una fibra mucho más sencilla: quién decide sobre la tierra y quién se beneficia con esas decisiones. El temor a que el crecimiento urbano termine subordinado a unos pocos intereses particulares movilizó a sectores que habitualmente permanecen alejados de la política partidaria.

El oficialismo acusó recibo. La participación ciudadana comenzó a ocupar un lugar mayor en la agenda del ordenamiento territorial y el Concejo Deliberante salió a buscar el contacto directo con los barrios.

Esas dos experiencias —agua y territorio— alimentan ahora una pregunta entre algunos dirigentes: si diferentes sectores pudieron encontrarse para resistir determinadas políticas, ¿podrían hacer lo mismo para gobernar Merlo? Ahí empiezan los problemas.

MUCHOS NOMBRES

El peronismo constituye una parte central de cualquier construcción opositora, pero llega dividido en distintas vertientes. El exconcejal Gastón Fonseca cuenta con estructura política propia y capacidad para competir, acompañado por dirigentes y militantes provenientes del peronismo, algunos de ellos identificados con el espacio de Adolfo Rodríguez Saá.

El Partido Justicialista, por su parte, acaba de definir en su congreso del 22 de agosto que competirá en 2027 con candidatos propios en los niveles provincial, departamental y municipal. Esa decisión abre un interrogante decisivo para Merlo: si “candidatos propios” significa competir por separado o si existe margen para integrar una alianza local más amplia. Dentro de ese universo aparecen nombres con peso territorial, como el diputado provincial Walter Pollo y la concejala Lucía Miranda.

También habrá que observar los movimientos de la exintendenta y exlegisladora Gloria Petrino, referencia local del espacio de Alberto Rodríguez Saá. Su posición puede resultar importante para determinar hasta dónde el justicialismo merlino está dispuesto a ejercer algo indispensable en cualquier frente electoral: la generosidad para ceder lugares.  Porque una alianza de seis candidatos a intendente no es una alianza. Es apenas una fotografía.

LOS OTROS SECTORES

El socialismo conducido localmente por Mariano Stinga, que tiene expresión institucional en el Concejo Deliberante a través de Daniel Orué, aparece inicialmente con buena predisposición hacia una construcción amplia de carácter municipal.

Otro componente es el espacio kirchnerista, cuya referencia institucional más visible es la concejala Ana Laura Ferrarotti, vinculada al Colectivo Comechingón. Ese sector mantiene como una de sus banderas nacionales el reclamo por la libertad de Cristina Fernández de Kirchner. El problema para cualquier armado estrictamente merlino es otro: las identidades nacionales más duras no necesariamente tienen traducción electoral equivalente en una ciudad donde la elección municipal suele atravesar otras preocupaciones y pertenencias.

La eventual construcción deberá resolver justamente eso: cuánto pesan las identidades nacionales y provinciales cuando se elige intendente y cuánto están dispuestos a dejarlas en segundo plano quienes pretenden desplazar al oficialismo. Hay todavía otro universo más difícil de encasillar.

La Multisectorial mantiene una actividad constante alrededor de conflictos sociales, ambientales y comunitarios. No necesariamente toda esa participación tiene vocación electoral ni todos quienes se movilizan están dispuestos a incorporarse a un frente partidario. Confundir movilización ciudadana con votos disponibles sería uno de los primeros errores que podría cometer la oposición. Pero ignorarla sería otro.

UN SOLO CANDIDATO

La hipótesis con la que trabajan algunos sectores es sencilla de formular y extremadamente compleja de ejecutar: llegar a la elección municipal con un candidato único. Eso obligaría a discutir un mecanismo para elegirlo. Una encuesta, una interna, un acuerdo político o alguna variante que todavía no aparece definida.

También exigiría un programa mínimo. Porque derrotar al radicalismo puede reunir voluntades durante una campaña; gobernar al día siguiente requiere bastante más.

Y allí aparece una paradoja para la oposición. Las experiencias que hoy observa como antecedentes exitosos —la Cooperativa, el ordenamiento territorial, las movilizaciones ambientales— tuvieron fuerza precisamente porque no nacieron de una estrategia electoral ni necesitaron preguntar a cada participante a quién votaba. Trasladar esa lógica a una elección será otra historia.

EL OFICIALISMO

Del otro lado nadie piensa entregar la Municipalidad. El radicalismo gobierna Villa de Merlo y sabe el valor político que tiene conservar una de las ciudades más importantes de San Luis. Es su gran bastión político. Quienes pretendan enfrentarlo deberían prepararse para una campaña intensa, territorial y probablemente muy áspera, en la que cada estructura, cada barrio y cada voto tendrán importancia.

El oficialismo cuenta con las ventajas propias de quien administra el Estado municipal, presencia territorial y capacidad para instalar su agenda. La oposición tendrá que construir enfrente una alternativa suficientemente amplia sin transformarse en una acumulación incomprensible de siglas. Todavía no está claro quién podría encabezarla.

Fonseca tiene estructura. Pollo tiene exposición provincial y territorial. Miranda ocupa una banca desde la cual confronta con el Ejecutivo. Petrino conserva experiencia y vínculos políticos. El socialismo aporta organización y presencia institucional. Ferrarotti representa otro sector activo de la oposición. Y alrededor de los partidos existe una franja de organizaciones y vecinos que ha demostrado capacidad de movilización, pero cuya conducta electoral nadie debería dar por descontada. Falta tiempo para junio de 2027. Sobran aspirantes y diferencias.

La oposición parece haber llegado, sin embargo, a una primera conclusión: si cada uno cuida su pequeña parcela política, el radicalismo empezará la elección con buena parte del trabajo hecho.

La Cooperativa de Agua y el ordenamiento territorial mostraron que en Merlo pueden confluir personas que políticamente vienen de lugares distintos. Ahora los partidos deberán demostrar algo bastante más difícil: si sus dirigentes son capaces de hacer lo mismo cuando lo que está en juego es quién encabeza la boleta.

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