Villa de Merlo

Del dolor a la denuncia: el padre del menor herido por pirotecnia anunció acciones legales y habló de “negligencia”

A un mes del grave episodio ocurrido en el clásico Casino–San Martín, donde un adolescente de 14 años sufrió severas quemaduras por pirotecnia prohibida, Javier Zavala —padre del menor, reconocido vecino de Merlo— rompió el silencio, cuestionó la escasa sanción aplicada, anunció acciones legales y pidió que se determinen responsabilidades para que un hecho así no vuelva a repetirse.
sábado 25 de abril de 2026
El adolescente permaneció internado en el hospital pediátrico de San Luis, donde fue sometido a varias intervenciones y continúa con tratamiento.
El adolescente permaneció internado en el hospital pediátrico de San Luis, donde fue sometido a varias intervenciones y continúa con tratamiento.

Lo que comenzó como una tarde de fútbol terminó convertido en una pesadilla. A un mes del episodio que conmocionó a Villa de Merlo y que Infomerlo informó primero cuando ocurrió —con la cobertura inicial del caso y la posterior derivación del adolescente al hospital pediátrico de San Luis — el padre del joven herido por pirotecnia durante el superclásico entre Casino y San Martín dio por primera vez un testimonio extenso y cargado de dolor.

En declaraciones brindadas a Merlo TV, Javier Zavala, presidente de la comisión directiva de Bomberos Voluntarios de Merlo y reconocido vecino de la localidad, aseguró que lo sucedido “no fue un accidente, sino una negligencia”, y apuntó contra quienes debían controlar el cumplimiento de la prohibición del uso de pirotecnia, vigente por ordenanza en la ciudad.

El hecho dejó a su hijo, de 14 años, con quemaduras de segundo y tercer grado en la pierna derecha, desde el muslo hasta el tobillo. Según relató, el proyectil habría impactado desde atrás, mientras el adolescente festejaba junto a otros hinchas tras el partido.

“Tenemos que agradecer que no fue una desgracia mayor”, sostuvo Zavala en la entrevista, al remarcar que el mortero podría haber alcanzado zonas vitales del cuerpo.

El cuadro fue de extrema gravedad. Primero permaneció cuatro días internado en el Hospital Madre Catalina y luego fue derivado al hospital pediátrico de San Luis, donde pasó más de dos semanas en aislamiento, con cinco o seis ingresos a quirófano para curaciones bajo anestesia general y evaluación de un posible injerto.

“Mi hijo estuvo con morfina, atravesó mucho dolor y todavía nos quedan dos años de recuperación de la piel por delante”, reveló.

Además del impacto físico, Zavala describió las secuelas emocionales, familiares y cotidianas que dejó el episodio: un mes sin clases, viajes periódicos a San Luis para continuar las curaciones y una rutina atravesada por la incertidumbre.

Durante su testimonio, también cuestionó con dureza la respuesta institucional. Señaló que ni clubes, ni autoridades municipales, ni organismos de control se comunicaron formalmente con la familia tras el hecho. También consideró “una vergüenza” la sanción deportiva aplicada.

“Dos fechas de suspensión para un club por algo así es una cargada”, expresó.

Uno de los puntos más fuertes de la entrevista fue el anuncio de que avanzará con acciones judiciales. “Ya es mi decisión. Esto pasa a un plano legal”, afirmó, anticipando que dejará en manos de su abogado definir responsabilidades.

Zavala también puso el foco en la cadena de controles que, a su criterio, falló: autoridades del club, liga, organismos municipales y fuerzas de seguridad.

“Primer mortero, primer proyectil, se debería haber suspendido el partido”, planteó.

Pese a la bronca, dedicó un tramo de su testimonio a agradecer la atención recibida en el sistema público de salud, tanto en Merlo como en San Luis, y el acompañamiento de vecinos y personas que se solidarizaron con la familia.

Su mensaje final tuvo tono de advertencia, pero también de reflexión social: “Hoy le tocó a mi hijo. La próxima puede ser una tragedia”.

A un mes del hecho, el caso vuelve a instalar un debate de fondo sobre el uso de pirotecnia en eventos deportivos, las responsabilidades institucionales y el costo que puede tener naturalizar prácticas prohibidas. Esta vez, el desenlace no fue fatal. Pero, como remarcó el propio padre, pudo haberlo sido.

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