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Ecoturismo

De La Población al Bajo de Véliz

domingo 05 de enero de 2020
Belleza

Una cercana lejanía, la gracia providencial de la naturaleza, producciones locales hechas riqueza y cierta moda instalada. Los pueblos serranos entre Córdoba y San Luis reúnen atributos que los hacen cada vez más tentadores. De La Población (Córdoba) al Bajo de Véliz (San Luis), un ecoturismo que emerge con fuerza junto a los sabores de mesas que se orientan slow food, donde los productos regionales saben lucirse, y sus historias dejan también con la boca abierta.

Ni Mina Clavero ni Nono ni Villa Dolores. Ni siquiera las bucólicas Yacanto o San Javier. Sobre el final de las Sierras Grandes por las que Córdoba lleva buena parte de su fama, hay mucho para descubrir. Fundada en 1626, La Población sabe de pequeños lujos. Uno de ellos es Peperina (Tel.: +54 9 3544-482413 /15583053), el reconocido restaurante creado por Juan Blasco en una vieja casona de 1870 con galería y patio repleto de hierbas aromáticas, donde los fiambres de elaboración artesanal, como el lomo curado al café, supieron marcar tendencia, al igual que Blasco, que estuvo también en la formación de La Matilda (www.posadalamatilda.com.ar / Tel.: +54 9 3544-15404512) en la vecina San Javier, vanguardista movida que incluye hospedaje, agrococina, tambo, viñedos, huerta orgánica y 60 hectáreas de bosque nativo a lotear en busca de una “comarca biodinámica”: adobe, madera y hierro, pintura no tóxica y agua filtrada y reutilizada para riego son algunas de sus premisas.

Cerca, La Reserva de Punta Piedras (RP14 Km 142 / Tel.: +54 9 03544-482114) es otra joya local con 110 años de antigüedad, construida por un irlandés para tratar de impresionar al padre de su novia y que éste los deje casar. Restaurada, la casona se hizo posada con ocho habitaciones y baño privado, Wi-Fi, pileta, quincho con parrilla y un parque con juegos para niños.

Apenas al sur de La Población, el paraje Travesía cuenta con una tranquilidad envidiable, arroyos cristalinos y un marco de sierras rojizas, donde finca La Julia (Tel.: +54 9 3544-554037) encanta con lo suyo. Allí también, ante la ausencia de ruido y nutrido por las acequias, el pueblo cultiva “el mejor orégano serrano”, dicen.

Riqueza natural

Flamante por su famoso Festival de la Gallina Hervida donde los vecinos hacen puchero bajo las parras o en el arroyo, Luyaba espera con un microclima ideal, hermosos balnearios y bosques autóctonos donde olivos y hierbas son reyes. A 800 m de altura, su pueblo brota en diversas producciones y cultivos de aromáticas y plantas terapéuticas. Con ellas se elaboran cosméticos, medicinas y bebidas como el amargo serrano.

Dos emprendimientos lideran el rubro de la oliva. Chacras de Luyaba (www.luyaba.com) con aceite orgánico que el turista puede cosechar, alrededor de mayo, si se anota en su web, además de participar en el prensado y elaboración. Sierra Pura (www.sierrapura.com.ar / Tel.: +54 9 3544-550000), en tanto, produce oliva en varietales, blends y delicatessen, y se torna imposible el regreso sin probar un pancito con la aromatizada de albahaca. Las cuevas naturales denominadas “casa de piedra” por los lugareños, restos de las construcciones que usaban los comechingones para vivir, pueden recorrerse allí mediando un buen trekking.

Desde su nacimiento, ligado a la Capilla San Juan de las Talas de 1720, La Paz (Municipalidad: Tel.: +54 9 3544-496010) ha sabido resguardar una sana combinación: no renuncia a sus aires de pueblo perdido en el tiempo, sus calles de tierra y gente trasladándose a caballo y sulky. A la par, cuenta con un gran desarrollo económico por su producción de hierbas y cítricos, que por variedad y cantidad la convierten en uno de los centros productores líderes en el país. Desde el Hostal del Sur (Tel.: +54 9 354-4496051 / 4611203) recorremos el Camino de los Artesanos y el Museo de Piedras Preciosas y Semipreciosas, hasta dar con el taller de la familia Castro (calle San Juan s/n), tercera generación local de reparadores de sulkys.

Ya bien pegado a la montaña, el poblado de Loma Bola es tierra fértil para las cabalgatas, el montañismo, trekking y mountain bike atravesando sus ríos cristalinos, camino al hotel Loma Bola (Av. Krutli s/nº, Tel.:+54 9 3544-496070), y el genial y cercano Museo del Libro en Las Chacras.

Secretos puntanos

Los Manantiales y La Ramada nos despiden de Córdoba, y camino a Merlo desviamos por la RP5 hacia Santa Rosa de Conlara. Vamos en busca del Parque Provincial Bajo de Véliz (FB: Parque Provincial Bajo de Veliz), joya local poco visitada que entre otras cosas ha dado al mundo la araña fosilizada más grande del mundo, de unos 60 cm. Eso dice Pierina Ciancia, anfitriona de la Sala Temática Paleontológica (Tel.: +54 9 2656-492027) armada en su living. “Fue una casualidad: mi suegro compró lajas para revestir y en medio de una apareció esto”, dice señalando dos inmensos ojos grabados en la piedra. Estudios posteriores de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba determinaron que eso podría ser una suerte de escorpión acuático, aunque para el caso, da igual. Seguimos camino y en el Km 14 de la RP5 aparece Los Duraznitos y su bodega Viñas Puntanas (Tel.: +54 9 266 448-9083). Aquí también se toma buen vino.

Esa misma ruta nos lleva al Bajo de Véliz, con parada previa en El Guayacán, un asador campero a la vera del río Cabeza de Novillo, donde los maestros en chivitos saben hacer su trabajo. En frente, un cartel anuncia la llegada al espacio que resguarda 12 km de formación de la Era Paleozoica, con unos 286 millones de años encima, repleto de paredones de laja San Luis, una suerte de hojaldre puntano y milenario. Allí están las huellas de las distintas etapas de la tierra, sus procesos geológicos y biológicos.

Todavía viven lugareños, afincados en el llano y alejados de los pueblos, y es un placer compartir un mate junto al arroyo. “Encontraron dos o tres de esas supuestas arañas y las llevaron a analizar a La Plata y Europa. Sean lo que sean, son impresionantes”, cuenta el guardaparque Eduardo Falcón, entre mitos de cuchilleros y hasta de un chupacabras del pago aparentemente capturado por un vecino con una trampa para puma. Nos reímos pero antes de irnos alguien nos acerca una dirección: “Véanlo”, dice.

De salida, visitamos pueblitos diminutos y pintorescos, como San Martín, apenas con 15 manzanas y un arroyo, y el paraje Talita donde una hostería con balneario sabe sacarle provecho a las sierras y al curso de agua La Quebrada. Cerca, el dique La Huertita cuenta también con su hotel (Tel.: +54 9 266 4473865) y un club náutico (Tel.: +54 9 266 4655542) para disfrutar a pleno de un espejo de agua rodeado por paredones y con buena pesca.

Enigmas del pago

Estamos volviendo ya, bien satisfechos, pero nos intriga aquel cuento del chupacabras. En Puerta Colorada, un paraje de apenas siete casas, nos dan otra pista: “En las afueras de Santa Rosa lo van a encontrar”, dice el puestero. Ya de noche, llegamos al lugar. Golpeamos varias veces, y a punto de irnos, la puerta se abre. “Pasen”, dice el hombre sin más. Nos invita mate, nos pregunta de dónde venimos, quién nos mandó, y nos esquivamos mutuamente, hasta que al fin pregunto: “Bueno… entonces… ¿tuvo algo que ver con un chupacabras usted?”. No le sorprende la pregunta. Apenas levanta las cejas y niega con la cabeza. Se para, me apoya la mano en el hombre y dice: “¿Qué revuelo se armaría si lo hubiese atrapado, no?”. (weekend.perfil.com.ar)

 

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