2026-10-03

Villa de Merlo

El II Congreso Internacional de Incendios de Interfase dejó un fuerte llamado a prevenir, planificar y trabajar con las comunidades

Durante dos jornadas, especialistas de Argentina y otros países analizaron los desafíos que plantean los incendios de interfase y la necesidad de fortalecer la prevención, la planificación territorial y la participación de las comunidades. El encuentro se realizó el jueves 1 y viernes 2 de octubre en la Villa de Merlo y fue organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones.

La prevención de incendios de interfase no puede limitarse al momento en que aparece el fuego. Esa fue una de las principales conclusiones que atravesó las distintas exposiciones del II Congreso Internacional de Prevención de Incendios de Interfase, que reunió durante dos jornadas en la Villa de Merlo a especialistas, investigadores, representantes de organismos públicos, profesionales y referentes vinculados con la gestión del territorio y del riesgo.

El encuentro, organizado por la Universidad Nacional de los Comechingones (UNLC), puso en común experiencias de Argentina, Chile, Uruguay, Portugal, España, Italia y Canadá, con una mirada que buscó ampliar el abordaje de los incendios: de la respuesta ante la emergencia hacia una estrategia permanente de prevención y preparación.

En ese sentido, la rectora de la UNLC, Agustina Rodríguez Saá, planteó que la universidad pública tiene también la responsabilidad de generar vínculos entre distintos sectores. “La universidad pública también debe tender puentes: puentes entre la ciencia y la comunidad, entre el conocimiento y las políticas públicas, entre las distintas disciplinas, entre generaciones”, sostuvo.

Del fuego a la prevención

Uno de los conceptos que se repitió durante las jornadas fue la necesidad de actuar antes de que ocurra una emergencia.

Diego Farías, del Ministerio de Bioagroindustria de Córdoba, sintetizó esa idea al señalar que es necesario “hablar de fuego cuando el fuego no está” para poder avanzar sobre las acciones de prevención.

En la misma línea, Sofía Sánchez, de la Universidad Nacional de Córdoba, sostuvo que “la prevención no empieza cuando ya está el fuego, sino que se construye desde mucho antes, trabajando particularmente con quienes viven, producen y habitan el territorio”.

Para Marcelo Alfredo Rey, del Plan de Prevención de Incendios Forestales de Río Negro, incluso la disponibilidad de recursos puede resultar insuficiente si no existe una estrategia efectiva para llegar a la población.

“Podemos tener todo el dinero, todos los recursos materiales, el personal necesario; pero si no tenemos la capacidad de llegar a la comunidad, toda política pública va a ser insuficiente”, afirmó.

El coordinador académico de la UNLC, Gustavo Romero, resumió otro de los ejes planteados durante el Congreso: “No queremos solamente comunidades protegidas, queremos comunidades preparadas, organizadas y protagonistas”.

El territorio como parte del problema y de la solución

Las exposiciones también pusieron el foco en cómo las transformaciones territoriales y las actividades humanas inciden sobre el riesgo.

El investigador del IANIGLA-CONICET Juan Rivera explicó que las actividades humanas modificaron las condiciones en las que se producen los incendios y señaló que actualmente estos son “dos veces y media” más probables y pueden presentar una intensidad mayor que en el pasado.

Desde Portugal, Emanuel Oliveira propuso incluso modificar la manera de pensar la relación con el territorio: “Deberíamos pensar en ser gestores del paisaje y no gestores de fuego”.

En tanto, Nadia Iasich, de la Dirección General de Ordenamiento Territorial de Tierra del Fuego, llamó la atención sobre la relación entre el riesgo y el crecimiento urbano. Según explicó, los valores más altos de riesgo de incendios de interfase coinciden con barrios populares y también con nuevos proyectos inmobiliarios.

La planificación territorial apareció así como uno de los componentes centrales de la prevención, especialmente frente a la expansión de las áreas donde las viviendas, las actividades productivas y la vegetación se encuentran próximas.

Cuando el incendio deja de ser solamente forestal

Otro de los puntos abordados fue la necesidad de entender que los incendios que avanzan sobre zonas habitadas requieren una estrategia que excede el combate del fuego.

El especialista español David Caballero, quien participó de manera virtual, señaló que cuando los incendios alcanzan a población dispersa “ya no son problemas de incendios forestales”, sino situaciones vinculadas con la protección civil.

“Son incendios forestales muy rápidos y acaban en un desastre. Cuando alcanzan la población dispersa, estamos en una situación de riesgo de protección civil”, explicó.

Desde Chile, Felipe Zumarán puso el acento en otro componente de la emergencia: “Cuando se desata el desastre, vamos a hablar del factor humano de la emergencia”.

La preparación de quienes viven en las zonas expuestas fue también planteada por Anabela Bonada, de Canadá, a partir del concepto Helping homeowners help themselves, que apunta a que cada propietario pueda asumir un rol activo en la preparación de su vivienda frente al riesgo.

“Es ayudar al dueño de vivienda a ayudarse a sí mismo, porque es tu casa, si la perdés perdés tus cosas más valiosas”, explicó.

Ciencia, incertidumbre y conocimiento aplicado

La relación entre investigación científica y gestión concreta del riesgo fue otro de los temas que atravesó el Congreso.

Miguel Méndez Garabetti, de la Universidad Nacional de San Luis y la Universidad Nacional de Cuyo, destacó que la incertidumbre es inherente a este tipo de fenómenos. “La incertidumbre en este tipo de fenómenos siempre va a existir y no la podemos eliminar; lo que tratamos de hacer es poder cuantificarla para tratar de reducirla”, señaló.

En cuanto al comportamiento del fuego, Diego Ricardo Bros, de la Universidad Nacional de Misiones y CONICET, remarcó el peso que tiene el combustible disponible: “El 80-85% de la predicción del comportamiento del fuego depende del combustible. El desafío que tenemos para hacer un buen modelo de propagación es el combustible”.

Pero disponer de conocimiento científico no garantiza por sí mismo que ese conocimiento llegue a las decisiones. María Inés Campos, autora del libro La meteorología en la gestión del fuego, planteó que existe un puente entre el desarrollo técnico, la investigación científica y su aplicación que “se rompe en muchos lugares porque tenemos mucho más conocimiento del que efectivamente aplicamos”.

La formación profesional también fue señalada como parte de ese proceso. La coordinadora de carrera Carina Ré destacó que “cada egresado representa mucho más que un título: representa una nueva capacidad instalada en algún lugar de nuestro país”.

Una gestión que atraviese límites

Los incendios tampoco respetan fronteras administrativas. Desde Uruguay, Rafael Sosa planteó la necesidad de fortalecer el trabajo entre comunidades vecinas: “El fuego no reconoce los límites políticos. ¿Qué mejor que protegerme con mi vecino y con mis vecinos?”.

La dimensión comunitaria fue retomada por Silvia Calvani, de Italia, quien propuso avanzar “desde un sistema fragmentado y centrado en la emergencia a una transición hacia una gobernanza comunitaria”.

En esa misma dirección, Josefina Bordino, de FAO, sostuvo que “los saberes y la participación del territorio son clave para una gestión del riesgo” y advirtió que, sin participación de la población, no existe apropiación local de las estrategias de prevención.

Planificar antes de que llegue la emergencia

La necesidad de una política sostenida también estuvo presente en las intervenciones de los participantes.

Adriana Serquis, diputada nacional e investigadora del CONICET, señaló que existen cuestiones que no pueden quedar exclusivamente sujetas a las reglas del mercado y sostuvo que “el Estado tiene que estar presente para poder continuar con la planificación”.

Mientras tanto, Francisco Aruta Matsen, de Chile, cuestionó una interpretación habitual frente a los incendios: “¿Sucede un incendio porque falló la prevención? Esa es la respuesta que se da casi siempre... pero todavía no conocemos la enfermedad y vamos a empezar a hacer prevención”.

Las distintas exposiciones coincidieron así en que prevenir implica conocer las causas, comprender el territorio, anticipar escenarios, preparar a las comunidades, mejorar la planificación y lograr que el conocimiento científico se transforme en decisiones concretas.

Más que concentrar la discusión exclusivamente en cómo combatir un incendio una vez iniciado, el Congreso dejó planteado el desafío de reducir el riesgo antes de la emergencia y construir comunidades capaces de participar activamente en esa tarea.

En ese sentido, una de las ideas que atravesó las dos jornadas podría resumirse en una transformación de enfoque: pasar de pensar solamente en cómo apagar el fuego a preguntarse cómo se construyen territorios menos vulnerables antes de que el fuego aparezca.

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