2026-08-31

Turismo e historia en San Luis

Buscar oro en un río: la experiencia que todavía se puede vivir en La Carolina

El río Amarillo conserva una práctica vinculada con los orígenes mineros de la localidad. Con una batea y paciencia, visitantes pueden buscar pequeñas partículas del metal que descienden desde la zona del cerro Tomolasta.

Buscar oro todavía es posible. En La Carolina, a unos 80 kilómetros de la ciudad de San Luis, visitantes y pobladores pueden internarse en el río Amarillo e intentar encontrar pequeñas partículas del metal que marcó la historia de esa localidad serrana.

La propuesta reproduce una práctica que se remonta más de dos siglos atrás. Con una batea, un recipiente con estrías que permite separar los materiales más livianos de los pesados, se trabajan los sedimentos acumulados en el cauce hasta comprobar si entre ellos aparece alguna pequeña muestra de oro.

Las partículas proceden de las formaciones minerales vinculadas con el cerro Tomolasta, que alcanza unos 1.600 metros sobre el nivel del mar. Las lluvias transportan pequeños fragmentos hacia ríos y arroyos, donde pueden quedar depositados en curvas del cauce, debajo de grandes piedras, en grietas o antiguos pasos del agua.

DOS SIGLOS

La relación de La Carolina con el oro comenzó en 1784, cuando se descubrieron importantes yacimientos en las inmediaciones del Tomolasta y Cañada Honda.

Aquellos hallazgos impulsaron la actividad minera y llevaron al entonces gobernador intendente de Córdoba del Tucumán, el marqués de Sobremonte, a disponer la fundación de La Carolina en el paraje conocido como San Antonio de las Invernadas.

Actualmente la búsqueda tiene principalmente un sentido turístico y cultural. Las pequeñas partículas que pueden encontrarse tienen entre 17 y 20 quilates, según la información difundida por la Provincia, aunque la experiencia está planteada como una forma de acercarse a la historia minera y no como una actividad con finalidad económica.

El río Amarillo, cuyas aguas adquieren su particular tonalidad por los minerales que transportan, funciona así como uno de los testimonios naturales de una actividad que dio origen y marcó la identidad de La Carolina.

 

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