La ciencia argentina en jaque
La ciencia salió a la calle: salarios deteriorados, becas caídas y un ajuste que el Gobierno niega
“Ponete la camiseta”. Esta vez la camiseta argentina no apareció en una cancha. Investigadores, becarios, técnicos, docentes y estudiantes la llevaron el pasado miércoles 12 de agosto al Obelisco y a plazas, universidades y centros científicos de distintas ciudades del país para reclamar por el deterioro del sistema científico argentino.
La movilización fue convocada por la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología y tuvo alcance nacional. El reclamo reunió demandas que se vienen acumulando: recomposición salarial, continuidad de becas, financiamiento para investigar, incorporación de científicos que esperan ingresar a carrera y recuperación de recursos para organismos científicos y universidades.
Detrás de las consignas aparecen números que permiten dimensionar el conflicto. De acuerdo con los últimos datos del Grupo EPC-CIICTI, la ejecución de la Función Ciencia y Tecnología del Presupuesto Nacional cayó otro 7,2% real durante el primer cuatrimestre de 2026 y acumula una reducción del 47,7% desde 2023. Para el CONICET, la proyección de este año implica otra caída real del 7,3%.
INVESTIGAR Y LLEGAR A FIN DE MES
El ajuste también entró directamente en los bolsillos de quienes hacen ciencia. Los salarios de investigadores y personal de apoyo del CONICET acumulan una pérdida de poder adquisitivo superior al 40% respecto de noviembre de 2023, una situación similar a la que atraviesan los estipendios de los becarios.
El problema excede cuánto cobra un científico a fin de mes. Los investigadores vienen denunciando dificultades para sostener proyectos, comprar insumos y reactivos, mantener equipamiento y garantizar la continuidad de equipos que demandaron años de formación.
La protesta del 12 de agosto puso especialmente el foco sobre los jóvenes que intentan permanecer dentro del sistema. A fines de julio finalizaron 374 becas posdoctorales del CONICET sin continuidad, mientras persisten demoras en ingresos a la Carrera del Investigador Científico.
Una beca posdoctoral representa uno de los últimos escalones de una extensa formación académica: carrera universitaria, doctorado y posteriormente investigación especializada. La interrupción en ese punto deja a científicos altamente formados ante una decisión concreta: buscar otra fuente laboral, abandonar la investigación o continuar su carrera fuera del país.
DOS MIRADAS SOBRE LA MISMA CIENCIA
La magnitud de la crisis que describen los investigadores es discutida por la propia conducción del CONICET.
Dos días después de la movilización, el presidente del organismo, Daniel Salamone, rechazó públicamente la utilización del término “cientificidio” y negó que exista una salida masiva de investigadores del país. También defendió la política de becas y sostuvo que es falso que el sistema científico esté atravesando una fuga de cerebros.
Las declaraciones provocaron la respuesta de investigadores y becarios, que contrapusieron a esa mirada la pérdida salarial, la reducción presupuestaria y las dificultades para sostener carreras y proyectos.
El deterioro presupuestario tiene además una dimensión histórica. El Grupo EPC-CIICTI calculó que en 2025 la Función Ciencia y Tecnología representó apenas 0,167% del PBI, el valor más bajo de la serie iniciada en 1972 y por debajo incluso del registrado durante la crisis de 2002.
El miércoles 12, buena parte de esa discusión abandonó laboratorios, institutos y universidades y llegó a la calle. La imagen de científicos vestidos con la camiseta argentina buscó condensar el mensaje de la convocatoria: detrás de las cifras presupuestarias hay investigadores, técnicos y becarios intentando sostener su trabajo y, en muchos casos, decidir si todavía existe un lugar para ellos dentro del sistema científico argentino.