2025-11-20

Escenario político local

Un movimiento silencioso en Buenos Aires sacude el tablero político de Merlo

El concejal, Gastón Fonseca, fue parte de la actividad "Semana de Integración Federal" organizada por el CFI. Foto con el gobernador y conjeturas para el 2027.

La política merlina tiene sus días grises, sus silencios largos y sus fotos que no deberían haber salido a la luz. Pero, a veces, basta un viaje discreto a Buenos Aires para que la calma impostada del oficialismo local cruja como una rama seca.

Eso ocurrió en las últimas horas, cuando trascendió que el gobernador Claudio Poggi compartió actividad, gestos y —según dicen los presentes— “cierta complicidad política” con el concejal Gastón Fonseca, histórico dirigente de origen peronista que ya acumula ocho años en el Concejo Deliberante y cuyo mandato expira en diciembre. La foto grupal existe, la privada también —dicen— y en política una imagen vale tanto como una alianza no verbalizada.

En Merlo, la lectura es inmediata: Poggi tantea terreno para 2027 y Fonseca aparece como un candidato posible y equilibrado para encabezar una gran coalición opositora que busque arrebatarle al oficialismo un bastión que hoy parece más debilitado de lo que ellos mismos admiten.

UN OFICIALISMO QUE NAVEGA A LA DERIVA

La interna en el gobierno municipal ya no es un secreto sino un espectáculo involuntario. La figura del “intendente interino” Leonardo Rodríguez se ha estirado hasta límites que nadie había mensurado: va camino al año de gestión accidental, como si Merlo funcionara bajo una suerte de suplencia indefinida.

Mientras tanto, el intendente electo Juan Álvarez Pinto, absorbido por su cargo provincial como ministro de Turismo y Cultura, guarda silencio sobre si piensa —o puede— volver a sentarse en el sillón municipal. Cada mes que pasa sin definiciones alimenta más sospechas que certezas. Y, claro, en el vacío crecen las ambiciones.

En la danza de nombres del oficialismo para 2027 aparece Francisco Oviedo, secretario de Gobierno y Deportes, señalado como el “elegido natural” por un sector del aparato municipal. También surge Bruno Mini, ahora con proyección provincial como diputado. Y, para alimentar aún más las tensiones, asoma la hermana del intendente, María José Álvarez, concejal y figura ascendente dentro de un oficialismo que ya no consigue esconder la disputa familiar y política.

El clima interno no ayuda: demoras en pagos, obras frenadas, desgaste administrativo y discusiones silenciosas que tensan cada área de gobierno. De puertas adentro, la pregunta que nadie se anima a formular en voz alta es brutal en su simpleza: ¿quién conduce realmente la municipalidad?

FONSECA, EL INESPERADO PROTAGONISTA

En ese escenario de desgaste, el encuentro Poggi–Fonseca operó como un pequeño terremoto político. Lo que para algunos fue apenas “una actividad institucional” en Buenos Aires, para otros se convirtió en un indicio claro: el peronista suelto podría convertirse en el articulador de un armado opositor transversal. ¿Audaz? Sí. ¿Verosímil? Más de lo que al oficialismo le gustaría admitir.

Con un oficialismo cruzado por internas, con la intendencia a cargo de un interino que dejó de ser circunstancial y con un intendente electo que aún no define si vuelve, la aparición de Fonseca en el radar de Poggi reconfigura la conversación política.

No es un secreto que el gobernador mira con atención el mapa del norte provincial. Y tampoco sorprende que explore nombres capaces de traccionar por fuera de las estructuras partidarias tradicionales, sobre todo en territorios donde el desgaste del oficialismo es inocultable.

EL INTERROGANTE QUE NADIE RESPONDE

Mientras tanto, en Merlo persiste la duda más incómoda de todas: ¿Juan Álvarez Pinto volverá a ejercer como intendente? Y si vuelve, ¿en qué condiciones? ¿Con qué autoridad política? ¿Con qué respaldo interno? Las respuestas no llegan. Y es precisamente en esos vacíos donde crecen las alternativas, los acuerdos discretos y las fotos que se filtran. 2027 aún está lejos en el calendario, pero cada vez más cerca en la política real. Lo de Buenos Aires no fue casual ni inocente. Fue un mensaje. Y en Merlo lo leyeron todos.

 

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