Tras las elecciones legislativas
Un peronismo que vuelva a ofrecer futuro: Un nuevo relato productivo y puentes hacia Córdoba
El peronismo, más que un partido político, fue durante décadas una forma de entender el futuro. Encarnó la movilidad social, el ascenso por el trabajo, la promesa de progreso colectivo. Pero hace tiempo que parece hablar desde el pasado, repitiendo símbolos y gestos que alguna vez fueron movilizadores, pero que hoy resuenan con una épica agotada.
El analista político Gastón Garriga (entrevistado en Punto a Punto Radio (90.7) lo sintetiza con crudeza: “El votante ya no busca épica, busca previsibilidad”. La sociedad argentina, golpeada por la inflación, la inseguridad y la falta de horizonte, ya no se emociona con consignas: necesita certezas.
En ese contexto, el peronismo enfrenta una disyuntiva vital: volver a ser una fuerza de futuro o resignarse a administrar la nostalgia. Porque el voto con el bolsillo puede explicar el presente, pero solo un voto con horizonte construye el mañana.
De la melancolía a la propuesta
El desafío no es menor. Requiere releer el país sin miedo al cambio, comprender que las nuevas generaciones no buscan salvadores, sino proyectos creíbles. El peronismo debería volver a ser la fuerza del trabajo, la producción y la innovación, no del recuerdo.
Ahí es donde aparece el planteo más interesante de Garriga: tender puentes entre Buenos Aires y Córdoba. No como un pacto electoral, sino como un acuerdo de desarrollo. Buenos Aires aporta el músculo industrial; Córdoba, la innovación y la logística. Entre ambas podrían diseñar un corredor productivo y energético que simbolice el país que se quiere construir.
Pero esa articulación solo será posible si el peronismo logra reconciliarse con la idea de futuro, si entiende que sin diálogo no hay proyecto nacional posible.
Recuperar el horizonte
El peronismo nació para incluir y movilizar. Hoy necesita reinventarse para inspirar. No con frases épicas, sino con políticas concretas que devuelvan esperanza racional: trabajo estable, energía limpia, producción con valor agregado, educación pública de calidad.
La política no puede seguir hablándole a la melancolía. Tiene que recuperar la confianza en el porvenir. Y tal vez ahí resida la verdadera tarea histórica del peronismo: volver a contar el país que viene, y no el que fue.
Porque, como advierte Garriga, “si no te sentás, lo único garantizado es la soledad”. Y el peronismo —como la Argentina— no puede darse ese lujo.