2025-10-19

Córdoba

Un puente que une corazones: 14 años de solidaridad con una escuela rural de Traslasierra

Desde 2011, Mabel Petrini y Raúl Lardone, un matrimonio cordobés, sostienen una acción solidaria con la Escuela Pascual Pringles del paraje El Volcán. Cada año viajan con donaciones y un mensaje que trasciende lo material: la educación rural necesita del compromiso de todos.

En el corazón de Traslasierra, entre montes, caminos de tierra y la rutina de las familias que viven de la cría de cabras o del trabajo golondrina, la Escuela Pascual Pringles se levanta como un faro de esperanza. Allí, donde las oportunidades son escasas y la distancia se mide en kilómetros y en carencias, la escuela pública cumple un rol esencial: educar, contener y sostener la vida comunitaria.

Desde hace 14 años, Mabel Petrini y su esposo, Raúl Lardone, viajan desde Córdoba para acompañar a esa comunidad. Este lunes 13 de octubre repitieron el ritual solidario, llevando ropa, calzado, útiles, mochilas, frazadas, toallas y golosinas. “Nosotros solo somos el nexo entre la gente que colabora y quienes más lo necesitan”, cuenta Mabel, emocionada al repasar una historia que se renueva cada año.

Las donaciones llegaron gracias a la generosidad de personas y empresas que se sumaron a la cruzada: Calzados Juca, Diesel Líder SRL, el programa Palabras Mayores de los SRT y las tejedoras del hogar Dulce Estadía, un grupo de mujeres mayores que dedicó su tiempo a confeccionar prendas para los alumnos y alumnas, aportando abrigo y cariño en cada punto tejido. También participaron familias, amigos y los nietos de Mabel, Franco y Gennaro, quienes ayudaron a clasificar todo lo recolectado.

La maestra a cargo, María Inés Bazán, recibió a los visitantes con gratitud. En su escuela, la docencia es mucho más que enseñar. “Es maestra, psicóloga, asistente social, médica, guía espiritual”, describen quienes conocen su labor diaria. En cada jornada, las maestras rurales deben acompañar a las familias, gestionar recursos, sostener la alimentación y mantener en pie el edificio escolar.

El encuentro dejó huellas. “Hasta que uno no ve, no entiende de necesidades. Las maestras rurales se merecen todo: reconocimiento, sueldos dignos, apoyo y el monumento más grande que se pueda hacer”, reflexionó Mabel, conmovida por la entrega del cuerpo docente.

En esos caminos donde los niños llegan caminando, a caballo o en moto, y donde el almuerzo escolar es muchas veces el plato más importante del día, la solidaridad se transforma en un puente que une realidades y multiplica esperanzas. Un puente que Mabel y Raúl construyen, año tras año, con la fuerza simple y poderosa del compromiso.

(Fuente: Cba24n)

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