Símbolo Natural y Cultural
El Algarrobo Abuelo, catedral de pájaros y emblema de San Luis
Con más de 1.200 años, 14 metros de altura y una copa que se extiende casi 26 metros, el Algarrobo Abuelo es considerado un monumento natural único en la provincia de San Luis. Su imponente presencia y la biodiversidad que alberga lo convirtieron en 2004 en Árbol Símbolo Provincial y Patrimonio Cultural y Monumento Natural, mediante las leyes II-0050-2004 y II-0052-2004.
Catedral de pájaros
La denominación poética de "catedral de pájaros" no es azarosa. Durante años, el árbol se ha transformado en un refugio clave para aves migratorias, que encuentran entre sus ramas cobijo, descanso y alimento. Esta función ecológica lo vuelve indispensable para la fauna regional y para la conservación de especies.
De los Comechingones a Agüero
El Algarrobo Abuelo fue espacio ceremonial de pueblos originarios como los Comechingones, sombra de descanso para gauchos y punto de encuentro para generaciones. El poeta merlino Antonio Esteban Agüero lo inmortalizó en su obra Cantata del Abuelo Algarrobo (1949), donde lo describió como "padre y señor del bosque", "algarrobo natal" y símbolo de arraigo y resistencia.
Cada 18 de junio, en coincidencia con el Día Provincial del Árbol, se lo recuerda y homenajea, reafirmando su valor cultural y literario.
Patrimonio natural, destino turístico
El sitio donde se encuentra el algarrobo forma parte de una reserva natural de aproximadamente cuatro hectáreas, que cuenta con senderos, cartelería informativa y visitas guiadas. Turistas, estudiantes y locales lo recorren para admirar su majestuosidad y aprender sobre la flora autóctona.
Este árbol es uno de los últimos sobrevivientes del antiguo bosque de algarrobales del Valle del Conlara, lo que le otorga una relevancia histórica y ecológica incalculable.
Más que un árbol
Además de su relevancia simbólica, el algarrobo cumple un rol fundamental en los ecosistemas áridos: fija nitrógeno en el suelo, produce frutos y vainas que sirven como alimento y forraje, y su madera es valorada por su resistencia.
La comunidad merlina lo cuida con respeto y compromiso. Su legado, entre raíces profundas y ramas que tocan el cielo, invita a pensar el vínculo entre naturaleza, identidad y memoria colectiva.