Para heridas en la piel
Científico merlino destacado mundialmente por sus apósitos inteligentes
Dicen que tener una gran idea es más un desafío que una solución. Otros argumentan que una buena idea, por sí sola, no basta. Los investigadores, expertos en navegar por el complejo mundo de la innovación, lo saben bien: que las ideas, aunque brillantes, deben defenderse, desarrollarse y superar infinidad de obstáculos antes de hacerse realidad. Construir laboratorios desde cero, iniciar nuevas líneas de investigación, reunir equipos de trabajo, conseguir financiación y, sobre todo, enfrentarse a lo desconocido.
En medio de esta travesía, instituciones como la Fundación BBVA, con su programa de Becas Leonardo, asoman como un faro: son un apoyo clave para investigadores de entre 30 y 45 años, que se encuentran en un momento decisivo de sus carreras: un estadio intermedio en el que podrán desarrollar un proyecto. En esta edición, se han seleccionado 57 proyectos entre las 1.423 candidaturas presentadas, brindándoles la oportunidad de transformar sus proyectos en realidad.
Entre los seleccionados está el científico merlino, Marcelo Calderón, que una vez más fue destacado a nivel mundial. Marcelo cursó los estudios primarios en la ex escuela 65 de Merlo y después hizo la secundaria en el Instituto Orzali. Se doctoró en Química en la Universidad Nacional de Córdoba.
El diario elmundo.com de España se ocupó de su trayectoria y su proyecto “apósitos inteligentes para curar heridas”. La nota señala:
Con 45 años, Marcelo Calderón siente que sigue siendo un niño cuando investiga. Al hacer un repaso por su carrera como investigador confiesa: “Tengo un hijo y lo veo jugar y digo: 'Yo hago más o menos lo mismo, pero a otro nivel'”. “Investigar es crear, buscar una pregunta para responder y ser creativo en la solución que vamos a proponer”. Los polímeros han sido su gran pasión, su “juguete” de la ciencia, con los que ha experimentado durante toda su carrera.
Argentino de nacimiento, de la ciudad de Villa de Merlo, provincia de San Luis, su vocación lo ha llevado a investigar en distintos lugares del mundo. Tras graduarse de la Universidad Nacional de Argentina, viajó a Alemania para hacer su doctorado. Fue allí donde empezó a explorar una combinación entre lo que había aprendido sobre polímeros y la biomedicina. “Durante 12 años nos dedicamos a diseñar este tipo de materiales para tratamientos de distintos tipos de cáncer”, explica.
Después de su experiencia en Alemania, Marcelo tuvo que mudarse y encontró en San Sebastián un lugar propicio para la investigación. En España, su enfoque se trasladó hacia el estudio de enfermedades de la piel. Esta línea de investigación es el antecedente del nuevo proyecto de apósitos inteligentes que va a desarrollar con la ayuda de las becas Leonardo.
El objetivo del proyecto que lidera es crear materiales que faciliten la curación de las heridas en la piel y, además, que el cuerpo los absorba sin dejar residuos. Esto significa que cuando la piel sufre heridas, se ponen en marcha una serie de mecanismos biológicos para evitar que se infecte y que el proceso se vuelva crónico. “El material ideal es uno que el propio tejido de la piel 'se coma', regenerándose a medida que se degrada”, explica. Además, se propone que el producto no emplee derivados de animales ni del petróleo en su fabricación.
La idea de biodegradación es central en su proyecto, y refleja una tendencia que el sector farmacéutico está explorando. “Hoy en día, muchos de los materiales que usamos en la industria, especialmente en la farmacéutica, provienen del petróleo o de animales. Existe una presión social y regulatoria para cambiar esto”, aclara.
Con todos los desafíos que significa establecer laboratorios y crear un grupo de investigación, Marcelo lo hizo en Alemania y logró nuevamente en España. Con todo esta experiencia, Marcelo predica que “investigar es un acto de fe, pero basado en hechos”. (el mundo - redacción)