Gabriel Guillar se convirtió en el primer puntano en hacer cumbre en el Manaslu
En el Himalaya

Gabriel Guillar se convirtió en el primer puntano en hacer cumbre en el Manaslu

Se trata de una de las montañas más peligrosas que componen el Himalaya. Sólo cinco argentinos lo lograron. Su travesía se hizo famosa a nivel nacional y cuenta en primera persona cómo fue el desafío.
14/11/2017

Mi expedición al Himalaya empezó a principio de año cuando hice las primeras contrataciones y decidí subir el Manaslu, que es la octava montaña más alta del mundo, con 8.163 metros, y es la tercera más peligrosa entre las que componen el Himalaya. Decidí contratar una empresa que tiene como dueño a un prestigioso guía reconocido mundialmente. Junto con su equipo de colaboradores se encargaron de guiar la expedición, donde participamos cuatro montañistas, dos hombres de Suiza, una mujer de Kosovo y yo.

En los meses previos tuve un intenso entrenamiento en el Campus Abierto de la ULP, agradezco a todos los profesionales que allí me atendieron. Llegué en perfectas condiciones físicas, nunca en mi vida había estado tan bien preparado, eso me permitió tener más posibilidades de éxito en esta expedición.

La montaña es muy compleja técnicamente, tiene ascensos muy verticales, durante todo el recorrido había que sortear grietas con escaleras de aluminio, subir encordado; y pendientes muy importantes, que había que bajar haciendo rapel, que tenían entre 60 y 80 grados y más de 100 metros de altura, todo de hielo eterno. Además de todo esto, esa montaña es muy peligrosa por la gran cantidad de nieve y por las avalanchas que se producen permanentemente.

Emprendí el viaje a Nepal el 22 de agosto, los primeros cuatro días estuve integrándome al equipo, comparando algunas cosas para la expedición, y cuatro días más tarde nos fuimos al campamento base.

El primer tramo de aproximación, que duró 10 días, fue de mucha vegetación, permanente lluvia, una zona casi selvática y en contacto con los nativos de cada uno de los pueblos. Caminábamos aproximadamente seis horas diarias y a la noche parábamos en hospedajes, comíamos y al día siguiente salíamos de vuelta. Mientras nosotros íbamos efectuando la aproximación, las cargas eran transportadas por 19 mulas y 10 “sherpas porter” (pobladores de la región) que eran los que llevaban casi los 2 mil kilos de cargas necesarios para una expedición de estas características. Aparte de los 4 montañistas, cada uno tenía un sherpa guía, que nos cuidaba y nos asistía, y en el campamento base había cuatro personas más que eran los cocineros, que preparaban las comidas que necesitábamos.

Una vez que llegamos al campamento base empezamos la aclimatación: la base estaba a 4.700 metros; el campo 1, a 5.700; el campo 2, a 6.200; el campo 3, 6.900; el campo 4, a 7.500 metros. En la primera jornada salimos al campo 1 y volvimos al campo base, descansamos 2 días y de ahí fuimos a dormir al campo 1. Regresamos nuevamente al campo base y descansamos 3 días más, de ahí fuimos hasta el campo 3 a dormir, y de los 7 mil metros bajamos nuevamente al campo base, estuvimos 4 días hasta que emprendimos el ataque final a la cumbre. Fue el día 21 que salimos para el campamento 1, dormimos ahí en medio de una terrible nevada, las carpas quedaron tapadas. Al otro día subimos al campo 2, entre el campo 1 y el campo 2 está la parte más peligrosa y más técnica de la montaña, es muy complicado, hay que subir varias horas colgado. El día 23 subimos al campo 3 y el día 24, después de haber caminado más de 15 horas, llegué al campo 4. Ahí dormí 2 horas y emprendimos el ataque a la cumbre, a donde llegamos el 25.

Me sentí orgulloso y muy emocionado, muy feliz de haber conquistado esto y de ser el primer puntano en subir una montaña de estas características en el Himalaya, con trabajo, dedicación, mucha preparación y constancia, y rodeado de la gente adecuada, pude ser el primero en llevar la bandera de San Luis a la cumbre más alta del mundo. Y fui el quinto argentino en subir el Manaslu en la historia. Fue muy difícil, complicado y peligroso, cuando llegué al campamento después de terminar la expedición recién ahí me di cuenta lo que había conquistado.

Con esta expedición el principal objetivo era demostrar que con mucho trabajo y dedicación se puede lograr; no existen los imposibles, quería dejar ese mensaje a la juventud, que le den para adelante y sueñen en grande. A la cumbre llevé la bandera de San Luis, de Argentina y de Inti Anti, la agrupación a la que pertenezco. Fue en ellos en quienes pensé en los momentos difíciles que me tocó atravesar durante la expedición, en mis amigos que siempre me apoyaron, y por supuesto en mi familia. Y aparte llevé dos papelitos, uno que dice “no hay imposibles”, que es un mensaje para todos, para demostrar que se puede. Y el otro dice “Rocío, se puede”, que es un mensaje para mi hija, que tiene 23 años, de que no hay que bajar los brazos. Uno como padre trata de llegar a lo más profundo, ella fue partícipe, veía cómo entrenaba y vio el esfuerzo que hice.

Estoy agradecido a todos los que me ayudaron en esto. A todas las personas que mandaron mensajes y siguieron la expedición. Representar al país me llenó de responsabilidad y energía. Y sobre todo a mi familia, sin el apoyo de ellos esto no hubiera sido posible. Esto me llena de proyectos y nuevos sueños para conquistar. Estoy avanzando en tratar de llevar adelante la próxima expedición que sería al monte Everest, que es la más alta de mundo, después de esta experiencia creo que podré hacerlo. Voy a necesitar más apoyo, porque es todo más difícil, complicado y más caro también. La idea es iniciar en marzo, para intentar hacer cumbre en mayo.

El Diario de la República

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