El relato de dos viajeros y la energía especial de Villa de Merlo
Aventura en dos ruedas

El relato de dos viajeros y la energía especial de Villa de Merlo

Con el titulo "Por qué dicen que Merlo tiene una energía única", dos viajeros en bicicleta relatan los momentos únicos en Villa de Merlo, La nota fue publicada en el diario Río Negro.
11/12/2015

"Arribamos a Merlo, San Luis, con la intención de quedarnos sólo dos días, pero nuestros planes cambiaron de un segundo a otro: todo en esta vida pasa por algo", señala la autora de la nota. 

"Después de cuatro días en el monte cordobés, ya era hora de darle la bienvenida a una nueva provincia. Debíamos hacer 58 km desde Villa de las Rosas para completar el circuito Traslasierra que ya habíamos comenzado a pedalear desde Salsacate en el norte de Córdoba.

La Ruta Provincial 14 cargada de tráfico por el augurio del fin de semana largo, el viento en contra y la subida constante y progresiva, no nos permitían ir a la velocidad que queríamos, y pesar de haber descansado cuatro días en las Rosas, las piernas se cansaron más rápido de lo normal: a los 38 km nos desviamos hacia el camping municipal de La Paz, calentamos agua para el mate y comimos algunos panes con dulce de leche como para no perder la costumbre.

Al otro día el despertador sonó a las 6 de la mañana. Entre el desayuno y el armado del equipo, salimos dos horas después con la intención de hacer solo 14 km hasta Villa de Merlo, San Luis. No sabíamos dónde íbamos a parar y ni quiera dónde íbamos a dormir, pero las coordenadas marcaban que debíamos parar sí o sí en este destino. Ni bien llegamos al centro histórico, muchos curiosos se acercaban para preguntarnos de dónde veníamos con tanto peso y bolso colgando, y después de varias charlas y un segundo desayuno en una confitería frente a la plaza, partimos hacia la Avenida del Sol", arteria principal de la ciudad.

VIDA DE HOSTEL

"Muy pocas veces paramos en hostels. En general, nuestros hospedajes son casas de familia, puestos policiales, cuarteles de bomberos y estaciones de servicio. Pero como queríamos quedarnos dos días en Merlo para conocer lo que se puede hacer y ver en esta ciudad, decidimos frenar en un hostel lejos del centro pero cerca de todos los atractivos que nos habían recomendado conocer en la oficina de Turismo.

A partir de acá, la historia cambia. Porque desde el momento cero, Sol (la encargada del Hostel Casa Grande) nos dice: "Merlo te atrapa. En este lugar del mundo te encontrás con la parte de vos mismo que menos escuchás. Esas sierras de ahí atrás (y señala las Sierras de los Comechingones que se ven a través de la ventana) tienen una energía especial. Suceden cosas maravillosas". Nos cuenta esto con la convicción de alguien que sabe de lo que habla por que lo vivió en carne propia.

Hay algo de lo que estamos seguros: como Merlo es la sitio con el tercer microclima del mundo (después de Suiza y California), el aire está limpio de impurezas y eso se siente en los pulmones. Y como nos dijo Sol, las sierras esconden el pasado de los primeros habitantes, los Comechingones.

Ellos adoraban a la Luna y al dios Sol. Además de rituales, practicaban la magia y las danzas ceremoniales que se cree que eran de origen amazónico. Tenían varios lugares fijos o santuarios en los cuales se reunían y que hoy son sitios que se caracterizan por su energía y geografía tan particular: cerros elevados, arroyos que desembocan en piletones, grutas y quebradas desde donde apreciaban a los astros.

Por eso Merlo no pasa desapercibido. Hay algo, vaya uno a saber qué, que hace que quieras volver antes de haberte ido".

UN TROPIEZO PARA ENTENDER

"No pueden dejar de hacer el camino de Pasos Malos y subir al Mirador del Sol", nos dicen en el hostel. Dejamos las alforjas en los lockers, cargamos un poco de fruta y nos vamos hacia el corazón de las sierras.

El camino de asfalto y sus curvas cada vez más empinadas nos obligan a pedalear en el cambio más liviano. Subimos no sé cuántos metros en solo 5 km y menos mal que las bicis no están cargadas porque ya estaríamos arrastrándolas desde hace rato.

A pesar del esfuerzo llegamos al arroyo que desciende entre cortaderas y rocas enormes. Trepamos, nos descalzamos, sumergimos los pies dentro de las ollas de agua helada y nos quedamos en silencio para apreciar la ciudad de Merlo desde arriba.

De regreso a la ruta, Andrés me dice "¿nos vemos abajo?" y entiendo que su intención es bajar a toda velocidad por ese camino serpenteante de piedras sueltas. Enciende la cámara para filmar y se larga.

Yo empiezo a pedalear y suelto el freno de la bici ni bien empiezo a agarrar velocidad, pero cuando relojeo el odómetro y veo que de 30 km/h pasó a 45 km/h en microsegundos, vuelvo a frenar con fuerza.

De repente, doblo en una curva cerrada y lo veo a él y a sus cosas desparramadas: la bici tirada en la banquina, la alforja que habíamos cargado con fruta de un lado, el manillar con la cámara de fotos en otro, los lentes en un rincón y Andrés parado y atándose el pelo.

"¿Qué te pasó?", le digo con el ceño fruncido. "No sé, perdí el control de la bicicleta. Vamos ya al hospital antes de que me enfríe porque me preocupa el hombro. No lo puedo mover". Lo miro bien y le veo varias marcas en el cuello producto de las plantas con espinas que están sobre la banquina. "¿Te golpeaste la cabeza?", le pregunto. "Sí, pero estoy bien". Las próximas pedaleadas fueron turbulentas de pensamientos: el viaje puede haberse terminado ahora.

PARADA OBLIGADA

Las horas siguientes se dividieron entre placas, inyecciones con calmantes, traumatólogos y farmacias. El diagnóstico: un chichón en la cabeza y una fuerte contractura e inflamación en el hombro derecho como consecuencia del golpe. Lo positivo: nada roto.

También tuvimos tiempo para pensar varios temas: que en las bajadas no hay que excederse con la velocidad, que fue una inconsciencia no haber hecho el camino con los cascos puestos, que debemos ir juntos por si al otro le pasa algo, sea lo que sea.

El lado A dice que este fue un accidente y nada más que eso, pero el lado B explica una cuestión un poco más profunda: veníamos muy acelerados y preocupados porque ya estamos en diciembre y a fines de año debemos estar en Bariloche por cuestiones de trabajo.

Nos quedan tres provincias por recorrer (San Luis, La Pampa y Río Negro) y el calendario nos aprieta por demás. Después de lo que pasó, lo logramos entender: Merlo nos hizo reflexionar sobre la importancia de andar lento y que si vos no parás, la vida de alguna u otra manera te lo hace saber.

De dos días en la ciudad como lo planeado, sabemos que nos vamos a quedar mínimo diez. Reposo y descanso hasta que el cuerpo quiera.

RECREO

En el hostel conocemos a Cristian y Marcela, dos viajeros que están recorriendo el país en moto y que siguen nuestras historias a través del blog.

Cuando comenzamos a hablar, nos dicen que hay dos amigos que están llegando a Merlo en auto y que podíamos sumarnos con ellos al paseo por el Mirador del Sol donde se tienen vistas panorámicas de todo el Valle de San Luis. Ni lo dudamos: al otro día agarramos el cuaderno, el hielo seco para el hombro, la cámara y nos vamos los seis hacia las sierras.

El camino es espectacular: la ruta en zigzag, las laderas de las sierras alfombradas de verde, el vuelo de los parapentes con el viento y la altura que llega a los 1470 msnm. Caminamos, charlamos, nos reímos.

Por algo Merlo nos hizo frenar: para conocer personas, para entretejer historias y para saborear el paso a paso lento.

RECALCULANDO

Después de diez días de reposo, el hombro mejora pero no como lo esperábamos: las puntadas siguen, el dolor molesta y la posición de pedaleo no ayuda.Salimos a dar una vuelta, nos sentamos en la plaza y abrimos el mapa.

Sacamos cuentas: tenemos que hacer 500 km de asfalto y ripio por las sierras de San Luis para llegar a Villa Mercedes y desde ahí tomarnos un micro para Bariloche. Pero la realidad es que dormir en carpa y estar horas y horas arriba de la bici no sería la mejor opción.

Pensamos qué hacer y decidimos suspender el viaje en bicicleta porque la salud está primero y por la travesía en kayak que queremos hacer en verano.

Sabemos que la vida de viaje continúa, pero ahora, en el agua".

Fuente: rionegro.com.ar

Por Jimena Sánchez [email protected]

 

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