Nueve viudas de veteranos viajan a Malvinas
Histórico regreso

Nueve viudas de veteranos viajan a Malvinas

Cuatro mujeres de San Luis y cinco de Villa Mercedes integran el tercer contingente. A 33 años, sus historias cicatrizaron entre el forzado silencio y la convivencia con el dolor.
08/10/2015

“A la tarde del 2 de abril le pregunto: ¿Si te mandan a Malvinas vos irías? y él me contesta que sí, para eso se había preparado, para defender a la Patria”, cuenta Rita Georgina Farias. Su marido, Julio César Ríos, nacido en Salta, fue suboficial segundo auxiliar comando durante la guerra. Hace un año y nueve meses murió por cáncer de riñón en la ciudad capital.

“Cuando escuchó la noticia de que el gobernador se reunió con los veteranos para ofrecerle el viaje a Malvinas, él estaba feliz. Me dejó esta meta para ir por él”, explica en su casa Rita. De San Luis partirán además hacia Malvinas, este jueves a las 14:00, desde Terrazas del Portezuelo, María Cristina Aguilera, Liliana Pereira y Yolanda Rojo. Mientras que de Villa Mercedes integrarán el tercer contingente Graciela Caballero, Josefa Kopac, Teresa López, Silvia Quiroga y Martina del Carmen Rosales. Son nueve viudas en total. Sus historias están atravesadas por el forzado silencio tras la posguerra y la convivencia con el dolor.

“Estábamos en Río Grande, Tierra del Fuego, nos casamos en el año 80. Él integró el Batallón BIM 5. Teníamos a nuestra primer hija, Silvina, de un año y tres meses”, aporta Farias, oriunda de Candelaria. José se despidió de ella en abril de 82 pero sin decirle que combatiría en las Islas. “A los días me traen una carta diciéndome que estaba en Malvinas, que cuidara a la nena y que lo esperara porque en cualquier momento volvía”, relata.

Ríos peleó en Monte Tumbledown. Su batallón es famoso por continuar en combate aun concluido el conflicto. Varios comandos y subcomandos fueron tomados como prisioneros por los ingleses.

“Cuando ellos llegaron lo que yo no acepté jamás fue el silencio. Eso es lo que duele. No nos habían avisado. No se podía hablar o preguntar. Sentía que algunas personas nos ´rebajaban´ por el resultado de la guerra”, recrudece Rita.

El itinerario que emprenden desde este jueves incluye una visita al cruento monte. “Mi meta es poder llegar hasta donde él estuvo. Estoy con mucha expectativa y dolor, acompañada con orgullo de argentina. Voy a llevar muchas oraciones porque han quedado muchos hermanos argentinos allá. Mucha gente joven”, asegura.

Rita cuenta que Ríos quedó muy sensible tras Malvinas y que era un ejemplo de padre. “Él ha escrito mucho. Empezó a los tres meses después de la guerra hasta hace cuatro años. Todos los días iba escribiendo un poquito de su vida”, detalla. Sus tres hijos se encargarán de publicar el libro.

El excombatiente llegó a ser oficial mayor encargado de la base de Ushuaia, y en San Luis integró el Centro “2 de Abril”. Compartió su historia en diferentes escuelas de la provincia.

Rita aún recuerda cuando su marido golpeó la puerta de su casa luego de la guerra: “Fue una alegría inmensa, como si me abrazara el manto de la Virgen”.

“Nació en Chaco pero cuando tenía un año lo trajeron a vivir a nuestro pueblo, Paso Grande, donde nos conocimos. Él se fue el 16 de abril, así que yo conviví con mi marido 2 meses y nuestro hijo Emanuel tenía 15 días de vida cuando él se fue”, dice Yolanda Rojo acerca de José Ernesto Pucheta, quien a los 22 años murió en el crucero General Belgrano. Era artillero, compañero de Antonio Hilario Laziar, oriundo de Candelaria, también héroe del Belgrano.

La embarcación tenía 1093 tripulantes de los cuales murieron 323 hombres. Sufrió el impacto de los torpedos del submarino nuclear británico “Conqueror”, el 2 de mayo de 1982, fuera de la zona de exclusión fijada.

En cada homenaje provincial se recuerda además a los otros seis soldados: Julio César Freites, Mario Esteban Frola, Mario Alberto Funes, Rubén Oscar Godoy, Osvaldo Francisco Martínez e Ibanor Navarro.

Yolanda comenta que con José se fueron a vivir a Punta Alta y que cuando él se embarcó hacia la guerra no le contó. Criada en Paso Grande, ella desconocía cómo era la vida militar. “Me había pedido que me viniese con el bebé para San Luis. Después me envió una carta a mí y a su mamá, cuando hicieron el desembarco en Ushuaia para cargar combustible. Es lo único que tenemos. Comenta que está bien, que ha bajado a cargar combustible, que cuide al bebé, que pronto estará acá, que estaba frío. Él era marino pero le hacia mal salir a navegar, volvía muy flaquito, entonces en la carta me detallaba qué comía. Después no supe más nada, hasta que en junio llegaron con la comunicación que lo daban por muerto”, narra emocionada.

“En dos meses me casé, fui madre y viuda de una guerra. Trabajé como maestra jardinera antes de irme a Punta Alta, pero después nunca más pude ejercer. No sé de dónde uno saca fuerzas para enfrentar esas situaciones, yo creo que los hijos son una razón para aceptar esas circunstancias. Se tarda muchos años en aceptarlo. No se olvida nunca. Pasan los años pero uno lo recuerda tal cual”, agrega Rojo entre lágrimas.

Para la viuda del veterano, la posguerra fue hiriente. “Al principio Malvinas estaba totalmente oculta, nadie hablaba. Eso fue muy difícil de recuperar porque fue un duelo no hecho. A nivel sociedad no existía Malvinas”, dice. “Tardé muchos años en salir del cierre y el secreto de Malvinas”, subraya.

A 33 años del conflicto bélico, Yolanda imagina cómo será este viaje: “Voy con mucha ansiedad y expectativas. Mi marido no conoció Malvinas y murió por las Islas. Voy a ver porqué pedacito de tierra murió. Antes, viajé al lugar del hundimiento del crucero General Belgrano, ese viaje fue muy sanador, considero que esto va a ser otro cierre, otro pedacito del rompecabezas de la vida que nos tocó”.

En la actualidad, Rojo, abuela de una nieta, asegura que hablar sobre la causa de Malvinas es sanador pero aclara: “El dolor no se supera, se aprende a aceptarlo”.

Osvaldo Francisco Martínez tenía 24 años cuando se embarcó en el Belgrano. Era enfermero. “Vivíamos en Punta Alta, teníamos un hijo que al momento del hundimiento tenía 33 días. Osvaldo nació en San Rafael (Mendoza), lo adoptamos acá porque yo soy puntana. Nos conocimos porque yo hacía las prácticas en el Hospital Naval ‘Puerto Belgrano’ donde él trabajaba”, cuenta la viuda Cristina Aguilera.

“Nunca me dijo que iban a Malvinas. Él no quería ir, para mí que presentía. Hacía dos años que estábamos en el puerto”, añade. Según le comentó luego un compañero, “el Flaco” murió con el primer torpedo porque estaba justo en el cambio de turno. “Se iba siempre a la cantina a fumar”, indica Cristina. “Era súper educado, muy caritativo, amable y de palabra. Mi marido iba en un barco, con una bandera de la Cruz Roja, no iba con un arma sino que iba a curar enfermos”, resalta con brillo en los ojos.

Posteriormente, Cristina viajó con su hijo Cristian al lugar del hundimiento. “Eso fue el cierre de esta gran herida que no se olvida pero duele menos”, expresa. “Mi hijo me dio la fuerza para seguir adelante”, señala Cristina, quien confiesa que también se aferró mucho a Dios para sobrellevar el dolor. Ella pisará por segunda vez las Islas.

Villa Mercedes

“Vamos a viajar con sentimientos encontrados, pero estoy segura que nos vamos abrazar entre todas”, dice Graciela Silvia Caballero, viuda del suboficial Jorge Rubén Irusta.

La entrada del Centro Cívico de Villa Mercedes fue el lugar de encuentro con tres de las cinco mujeres que emprenderán el viaje al Atlántico Sur. “En ningún momento pensé que iba ir a Malvinas, no lo teníamos incorporado en nuestras mentes y ahora estamos agradecidas porque vamos a colocar rosarios y vamos a estar con gente que ha sufrido mucho porque nadie esperó a los excombatientes, y ahora gracias a la gestión del Gobierno tendremos la posibilidad de reflotar sentimientos que estaban guardados en nuestro inconsciente”, sostiene Graciela mientras las lágrimas inundan su rostro.

Por su parte, Teresa López menciona: “Voy a viajar con lo que la agencia de viajes me solicitó, lo haré con mi hija, estoy muy ansiosa. Mi esposo, Jorge Alberto Konig falleció hace cuatro años y las necesidades de conocer las Islas son muchas, no sé con qué me voy a encontrar por eso estoy un poco ansiosa”.

El suboficial mayor Konig estuvo como encargado de usina. “El día que comenzó la guerra se quedaron sin luz y desde ese momento pasó al aeropuerto”, recuerda Teresa.

“Estoy contenta de poder viajar, nunca me imaginé esta posibilidad y por ese motivo estoy ansiosa, pienso que tengo que agradecerle a Dios que mi marido,  Marcos Zupanc haya vuelto”, destaca Josefina Kopac quien agrega: “Esto es un homenaje para él y para todos los que cayeron en defensa de la Patria, en este momento siento que reflotaron  todos los sentimientos que teníamos guardados de un momento de angustia en nuestras vidas”.

Marcos, esposo de Josefina desempeñó tareas de mantenimiento en el sector de Artillería Antiaérea de la Fuerza Aérea. “Mi marido era operador del tránsito aéreo, a él le tocó darle la salida a los aviones, fue el lugar donde los ingleses trataron de bombardear para que no tuvieran salida los aviones”, enfatiza Graciela, quien comenta: “No sabemos cómo vamos a reaccionar en el momento en que pisemos las Islas, o nos ponemos muy mal o lo superamos y sacamos esa ansiedad y tristeza que tenemos”.

“Yo soy la mayor de todas las que viajan porque mi marido ya estaba por retirarse cuando viajó a Malvinas, ese día nunca me imaginé que él iba ser elegido para participar del conflicto”, dice Teresa. “Si nos dan la posibilidad vamos a traer cosas para el Museo de Veteranos, tenemos mucho optimismo y estamos muy agradecidas que se hayan acordado de los veteranos como de las viudas, porque las familias acompañaron en esa guerra a nuestros maridos”, manifiesta Josefina.

Teresa y Graciela repasan los momentos de incertidumbre que vivieron durante el conflicto. “No sabíamos si estaban bien en muchas ocasiones, porque eran complicadas las comunicaciones, no sabíamos lo que estaba pasando, por eso es infinito el agradecimiento al gobernador por esta posibilidad”, sentencian.

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